martes, 19 de junio de 2012

Tómese ¿la vida?


            




La más reciente publicidad de los jugos Tropical está acompañada del eslogan “Tómese la vida”. El mensaje transmite la idea de que dichas bebidas son saludables y por lo tanto contribuyen a mejorar su calidad de vida.

Curiosamente, los más recientes descubrimientos e informaciones en torno a los factores que inciden en la creciente epidemia de obesidad que azota el planeta, coloca a las bebidas azucaradas (gaseosas, jugos y refrescos envasados), como uno de los principales factores que la promueven.

La nutricionista y autora Marion Nestle subraya la diferencia que existe entre las calorías provenientes de la comida y aquellas contenidas en bebidas con un alto contenido de azúcar.

Estas últimas son calorías vacías pues no contienen ningún tipo de nutrientes y su forma líquida hace que el cuerpo las procese de forma distinta a las que provienen de alimentos sólidos.

El problema se agravó cuando la industria alimenticia y de las bebidas comenzó a utilizar el jarabe de maíz de alta fructuosa (JMAF) como sustituto del azúcar por ser este subproducto muchísimo más barato, aunque también mucho más dañino para la salud.

El periodista Gary Taubes, de la revista de The New York Times, en un extenso artículo sobre los efectos nocivos del azúcar y el JMAF, cita los resultados de amplias investigaciones conducidas por Robert Lustig, un experto en obesidad infantil de la Universidad de California.

Para Lustig, estos ingredientes son sin más ni más, tóxicos para el organismo y cataloga el JMAF como el “aditivo más demoniaco conocido hasta ahora”.


El problema se agrava si además del daño que provoca el exceso de azúcar y su sustituto, el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), le agregamos su característica adictiva.

Desde la década de los ochenta el JMAF ya había reemplazado al azúcar en las bebidas gaseosas. Más dulce, más barato y más adictivo: la fórmula perfecta para los industriales, no así para el consumidor.

La fructosa no sólo se convierte fácilmente en grasa en el cuerpo, sino que también suprime la función de la leptina, una hormona vital encargada de regular el hambre y el apetito y la cual deja de funcionar  cuando el hígado se carga de azúcar.

Por eso es común que comamos grandes cantidades de alimentos y bebidas azucaradas sin experimentar sensación de llenura, lo que hace que comamos y bebamos más de la cuenta. “…Un círculo vicioso de consumo, enfermedad y adicción", en palabras del doctor Robert Lustig, profesor de endocrinología de la Universidad de California, en San Francisco, citado en un artículo de la BBC.

Para rematar, la industria de las bebidas invierte millones de dólares en publicidad y mercadeo para asociar sus marcas con conceptos de felicidad, disfrute y calidad de vida.

"Todos los días estamos siendo bombardeados por la industria alimentaria para que consumamos más comida".

"Es una guerra entre nuestro cuerpo y las demandas de nuestro organismo con el acceso a la comida que se tiene en una sociedad moderna. Y como científico me siento realmente deprimido, porque estamos perdiendo la batalla contra la obesidad", afirmó a la BBC el profesor Jimmy Bell, especialista en obesidad del Imperial College de Londres.



Con 500 millones de personas obesas en el mundo y tres millones de muertes cada año relacionadas con esta condición, hay razón para preocuparse. 

lunes, 4 de junio de 2012

¿Quién defiende a la niñez de la comida chatarra?


En el 2010, más de 42 millones de niños y niñas menores de 5 años padecían de sobrepeso. La cifra revela una epidemia a nivel mundial de la que Costa Rica no se escapa. Aquí hablamos de que un 40% de la población infantil padece de sobrepeso y un 20% obesidad.

La obesidad y el sobrepeso, es bien sabido, acarrea un sinnúmero de consecuencias para la salud y eleva el riesgo de sufrir serios males que pueden llevar incluso a una muerte prematura.  

Los casos de hipertensión infantil, por ejemplo, hace más de una década se daban casi solo en casos de pequeños con malformaciones congénitas en diversos órganos como el corazón, riñones o bien en las arterias. Hoy, esos casos se derivan de malos hábitos de vida y hay entre dos y tres casos diagnosticados por mes. 

Las causas del aumento en la obesidad también son conocidas: mayor sedentarismo, menos posibilidades de realizar actividades físicas y un cambio en la dieta que incluye mayor cantidad de comidas rápidas, de poco o nulo valor nutricional y con cantidades exageradas de azúcar, sal y grasa.

Aquí quiero hacer énfasis en dos cosas. La primera, en aquellos productos que parecen más “naturales” y por  ellos aparentan ser inofensivos y el agresivo mercadeo y publicidad de estos productos a un público infantil y adolescente.

El principal, quizás, aparte de las gaseosas a las que ya me he referido en varias ocasiones, es el segmento de bebidas azucaradas.

Existe una errónea creencia de que cambiar las gaseosas por “juguitos” conlleva un cambio radical en la elección de un producto mucho más saludable, cuando lo cierto del caso es que este tipo de bebidas, por lo general, están repletas de azúcar. Me refiero por supuesto a los jugos envasados y no a los hechos en casa cuando exprimimos o licuamos las fruta, que sería lo ideal, y sin agregarle gran cantidad de azúcar (cero azúcar es mejor).  

En los EE.UU., por ejemplo, las bebidas azucaradas representan la mayor fuente de azúcar en la dieta de niños y adolescentes y un 46% en la de los adultos. La cifra incluye gaseosas, jugos, bebidas energéticas, entre otras.

El documental HBO, The Weight of a Nation (El peso de una Nación), hace hincapié en uno de sus capítulos, sobre el papel que juega la industria de la comida chatarra y los miles de millones de dólares que gasta en promocionar sus productos. Kelly Browell, una de las fuentes citadas en el film, asegura que el mercadeo dirigido a los niños es “poderoso, pernicioso y depredador”.

Asimismo, William Dietz, del Centro para el control y la prevención de enfermedades, reconoce que es la publicidad la que impulsa un tipo de comida que a su vez impulsa la posibilidad de que exista obesidad. 

Más interesante aún la posición del vicepresidente de documentales de HBO, John Hoffman: “No es una coincidencia que las comidas que son más publicitadas sean las más procesadas y las de mayor rentabilidad. “Esas son las comidas que moldean el gusto de la gente. Y que luego moldean la dieta y ahora moldean a la nación”, dijo en referencia a la epidemia de obesidad que azota su país y que motivó la realización del documental.


La reciente prohibición en Costa Rica de la comida chatarra en las escuelas en un buen paso. Sin embargo, hace falta mucho más por hacer, comenzando porque exista mayor facilidad de acceder a comida saludable y a controlar la publicidad y el mercadeo dirigido a niños, niñas y adolescentes, de productos que se sabe son dañinos para la salud. 


Y cada uno de nosotros, asumir la responsabilidad que nos toca, de pensar bien a la hora de elegir los productos que consumimos y principalmente de aquellos con cuáles alimentamos a nuestros hijos.