lunes, 4 de junio de 2012

¿Quién defiende a la niñez de la comida chatarra?


En el 2010, más de 42 millones de niños y niñas menores de 5 años padecían de sobrepeso. La cifra revela una epidemia a nivel mundial de la que Costa Rica no se escapa. Aquí hablamos de que un 40% de la población infantil padece de sobrepeso y un 20% obesidad.

La obesidad y el sobrepeso, es bien sabido, acarrea un sinnúmero de consecuencias para la salud y eleva el riesgo de sufrir serios males que pueden llevar incluso a una muerte prematura.  

Los casos de hipertensión infantil, por ejemplo, hace más de una década se daban casi solo en casos de pequeños con malformaciones congénitas en diversos órganos como el corazón, riñones o bien en las arterias. Hoy, esos casos se derivan de malos hábitos de vida y hay entre dos y tres casos diagnosticados por mes. 

Las causas del aumento en la obesidad también son conocidas: mayor sedentarismo, menos posibilidades de realizar actividades físicas y un cambio en la dieta que incluye mayor cantidad de comidas rápidas, de poco o nulo valor nutricional y con cantidades exageradas de azúcar, sal y grasa.

Aquí quiero hacer énfasis en dos cosas. La primera, en aquellos productos que parecen más “naturales” y por  ellos aparentan ser inofensivos y el agresivo mercadeo y publicidad de estos productos a un público infantil y adolescente.

El principal, quizás, aparte de las gaseosas a las que ya me he referido en varias ocasiones, es el segmento de bebidas azucaradas.

Existe una errónea creencia de que cambiar las gaseosas por “juguitos” conlleva un cambio radical en la elección de un producto mucho más saludable, cuando lo cierto del caso es que este tipo de bebidas, por lo general, están repletas de azúcar. Me refiero por supuesto a los jugos envasados y no a los hechos en casa cuando exprimimos o licuamos las fruta, que sería lo ideal, y sin agregarle gran cantidad de azúcar (cero azúcar es mejor).  

En los EE.UU., por ejemplo, las bebidas azucaradas representan la mayor fuente de azúcar en la dieta de niños y adolescentes y un 46% en la de los adultos. La cifra incluye gaseosas, jugos, bebidas energéticas, entre otras.

El documental HBO, The Weight of a Nation (El peso de una Nación), hace hincapié en uno de sus capítulos, sobre el papel que juega la industria de la comida chatarra y los miles de millones de dólares que gasta en promocionar sus productos. Kelly Browell, una de las fuentes citadas en el film, asegura que el mercadeo dirigido a los niños es “poderoso, pernicioso y depredador”.

Asimismo, William Dietz, del Centro para el control y la prevención de enfermedades, reconoce que es la publicidad la que impulsa un tipo de comida que a su vez impulsa la posibilidad de que exista obesidad. 

Más interesante aún la posición del vicepresidente de documentales de HBO, John Hoffman: “No es una coincidencia que las comidas que son más publicitadas sean las más procesadas y las de mayor rentabilidad. “Esas son las comidas que moldean el gusto de la gente. Y que luego moldean la dieta y ahora moldean a la nación”, dijo en referencia a la epidemia de obesidad que azota su país y que motivó la realización del documental.


La reciente prohibición en Costa Rica de la comida chatarra en las escuelas en un buen paso. Sin embargo, hace falta mucho más por hacer, comenzando porque exista mayor facilidad de acceder a comida saludable y a controlar la publicidad y el mercadeo dirigido a niños, niñas y adolescentes, de productos que se sabe son dañinos para la salud. 


Y cada uno de nosotros, asumir la responsabilidad que nos toca, de pensar bien a la hora de elegir los productos que consumimos y principalmente de aquellos con cuáles alimentamos a nuestros hijos. 



2 comentarios:

R.I.P. dijo...

Más que prohibiciones, lo que necesitamos (para variar) es más y mejor educación en este tema. Que a los niños se les eduque sobre cómo debe ser su propia alimentación, obviamente sin caer en esnobismos o pretender que en las casas de los niños coman cosas que estén fuera del alcance del presupuesto familiar. Podemos estar seguros que los niños que ahora no pueden comprar sus "picaritas" o sus hamburguesas en la soda de la escuela, las compran en su barrio en la pulpería, o en el supermercado (igual que siempre). Mejor sería que esos niños no quisieran comprar comida chatarra porque estuvieran educados en lo perjudicial que es para ellos mismos, lo cual creo que es algo que no se hace, o no se hace lo suficientemente bien.

Ronald Díaz V. dijo...

Estoy de acuerdo con la educación, pero las restricciones son necesarias. Veamos el ejemplo del fumado. La reducción de la publicidad aunado a los impuestos y las prohibiciones han probado ser efectivas para reducir el consumo de cigarrillos. Siempre habrá quienes los busquen hasta de contrabando, pero son los menos. Las prohibiciones de comida chatarra en las escuelas también han probado ser efectivas en donde se han puesto en práctica, aunque los niños puedan buscar las golosinas en otra parte. Es parte de la educación, y eso lleva tiempo. Por otro lado, no podemos dejar todo en la educación cuando tenemos una industria que invierte miles de millones de dólares en persuadir a los consumidores con técnicas modernas de publicidad y mercadeo que incluyen el estudio del cerebro y atacar las debilidades del ser humano, con mucho más razón de los niños y adolescentes. La lucha es desigual y las empresas no se van a autorregular. Por últimos, consideremos que muchos de estos alimentos tienen componentes adictivos, comenzando por las grandes cantidades de azúcar y la cafeína presente en algunos refrescos gaseosos. Como bien dice en el artículo, ellos moldean nuestro gusto, nuestro estilo de vida y ahora también el peso de una nación. Como escribí, la responsabilidad es compartida, pero esta incluye ponerle coto a la libertad con que la industria de la comida chatarra ataca, literalmente dicho, a nuestra niñez.