sábado, 4 de febrero de 2012

Un decreto que da esperanza


Fotografía con fines ilustrativos tomada de buzzle.com

El decreto conjunto de los ministerios de Educación y Salud, publicado el pasado 12 de enero en el diario oficial La Gaceta, y en el cual se establece la prohibición explícita de vender en las sodas escolares alimentos cargados de azúcar, sal, harinas y grasa provocó, como era de esperarse, una virulenta reacción por parte de los sectores industriales y comerciales afectados con la medida.
Tanto los concesionarios de las sodas como la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (CACIA) anunciaron medidas legales para enfrentar el decreto. Ellos consideran lesionados sus derechos y alegan -además- que la salud de los niños no es responsabilidad única de las empresas, sino que es un problema que también compete a educadores y padres de familia.
Los opositores a que se dejen por fuera productos como gaseosas, galletas y alimentos empacados, de consumo frecuente entre la población infantil, argumentan que a los niños se les debe educar para que aprendan a elegir, y restringirles esa libertad lo ven como una vía incorrecta y contraproducente.
Las frituras abundan en las sodas escolares
El MEP, por su parte, acepta la responsabilidad de padres de familia y maestros, pero sustenta la medida en sólidos y numerosos argumentos. Por ejemplo, las recomendaciones de organismos internacionales como la OMS (Organización Mundial de la Salud), en donde se insta a los gobiernos a adoptar políticas que apoyen un régimen alimentario saludable en los entornos educativos. Alude también a la necesidad de establecer hábitos alimentarios saludables que contribuyan con un desarrollo personal y social adecuado para las personas menores de edad y, por supuesto, a la prevención de enfermedades relacionadas con una mala nutrición.

Existe evidencia científica de que entre un 42 y 63% de los niños obesos llegan a ser adultos obesos, y que los niños con sobrepeso u obesidad aumentan cuatro veces el riesgo de padecer de hipertensión. Duplican asimismo el riesgo de desarrollar diabetes tipo II. Esto, por citar solo dos ejemplos.

El grito al cielo que pegan los interesados en mantener un sistema de elaboración de alimentos tan dañinos como adictivos, se desploma ante los estudios científicos que comprueban cómo el factor alimentación juega un papel relevante en el desarrollo de los infantes y las posibilidades de que estos puedan gozar de una vida prolongada y saludable.
El decreto del MEP elimina la opción de adquirir refrescos gaseosos

En un artículo sobre el tema, la periodista de La Nación, Debby Ponchner, cita los resultados de un estudio estadounidense que dio seguimiento durante dos años a 4.600 estudiantes de 42 centros educativos.
En la mitad de las escuelas los escolares tuvieron acceso a alimentos más sanos y como parte de la educación que recibieron durante ese período se les enseñó y motivó a adoptar estilos de vida más saludables.
Los resultados, según cita Ponchner, fueron publicados en The New England Journal of Medicine y arrojaron como resultado una mayor disminución en los índices de obesidad y sobrepeso en las 21 escuelas intervenidas.
Desde un punto de vista económico y político, Kenneth Rogoff, profesor de Economía y Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, enmarca el sistema actual de producción de alimentos industriales dentro de lo que él llama “Capitalismo coronario”. En un artículo publicado bajo ese mismo nombre, Rogoff explica cómo la producción de alimentos con contenidos químicos irresistibles y adictivos genera una cadena de beneficios económicos que acalla conciencias y evita la toma de decisiones políticas para regular sus malas prácticas.


Los científicos reciben dinero para encontrar mezclas perfectas (ricas, baratas y adictivas) los anunciantes hacen su agosto con publicidad millonaria para promoverla y los políticos se llenan los bolsillos con donaciones para sus campañas políticas, con lo cual las grandes compañías se garantizan que nunca se apruebe en el congreso una legislación desfavorable. El círculo es impenetrable. 
Bueno para el mercado, letal para la gente. Así funciona el sistema y de ahí que el argumento ese de la “libre elección” de los consumidores no pase de ser una falacia.
No se puede educar cuando educar significa competir contra una industria que diseña productos adictivos y los promociona con publicidad millonaria diseñada por expertos en persuasión, y con base en estudios sociológicos y psicológicos que aseguren un mensaje poderoso y una victoria inminente sobre la mente. Allí no hay poder de elección.
Por suerte, algunas industrias, al menos en nuestro país, parecen haber entendido la necesidad de un cambio en sus prácticas de producción para poder seguir en el negocio. Florida Bebidas, Pozuelo, Dos Pinos y Kraff foods son algunas de las empresas que trabajan en nuevas fórmulas que les permitan  ofrecer a los escolares productos más saludables.
Ojalá y esto sea cierto. Entre tanto, la medida del MEP y Salud, sin ser exhaustiva, es un primer y gran paso en la dirección correcta. Un paso que apoyamos y aplaudimos con entusiasmo.   

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