sábado, 29 de enero de 2011

Ministros y agentes de ventas

La vida te da sorpresas y los ministros también. Don Leonardo Garnier y María Luisa Ávila aparecen en un comercial de televisión en el que ambos explican a un grupo de escolares la importancia del lavado de manos. Eso no tiene nada de raro a no ser porque según especifica la ministra Ávila, el lavado debe hacerse con un jabón "antibacterial". ¿Desde cuándo para protegerse de enfermedades uno tiene que lavarse las manos con jabones antibacteriales y no con uno común y corriente?
Bueno, desde que el boom de los productos de este tipo explotó a mediados de la década de los 90. En ese entonces apenas existía una docena de este tipo de productos que, por cierto, eran utilizados -justificadamente- en los hospitales como medida de prevención para evitar la propagación de microorganismos portados por los pacientes.
Hoy, gracias a las necesidades creadas y a la industria del miedo difundida por la publicidad, la cantidad de productos antibacteriales se ha disparado a más de 700.
El comercial del ministro y la ministra es patrocinado por Dettol, una marca de jabón antibacterial. Esto ya sucedió en el pasado cuando ambos endosaron la marca Protex se fotografiaron con niños y niñas escolares a los que les encaramaron camisetas con el logo de dicha marca, convirtiendo a los pequeños, inapropiadamente, en agentes de ventas ad honorem.
Lo peor de todo es que ni el ministro Garnier, ni mucho menos la ministra Ávila debieran ignorar que el uso de jabones antibacteriales está cuestionado por estudios serios que demuestran las posibles implicaciones de su uso prolongado en niños y niñas. Cito dos fuentes importantes.
En un artículo sobre los microbios publicado por el Instituto Americano de Ciencias Biológicas la Dra. Maura Meade-Callahan, profesora de biología con un doctorado en patología vegetal en la Universidad Estatal de Carolina del Norte afirma: "Nosotros necesitamos a las bacterias que nos rodean y es posible que al tratar de eliminarlas estemos causando daño".
Específicamente, Meade-Callahan cree que tanto los antibióticos como los agentes antibacterianos son más dañinos que beneficiosos porque matan a las bacterias “buenas” que viven dentro del cuerpo humano. Además, destruyen los microbios que ayudan a limpiar a la contaminación, promueven la resistencia a los antibióticos en los microorganismos y -cuando son sobre utilizados- hacen más difícil el tratamiento de algunas enfermedades.
Por su parte Stuart B. Levy, de la Escuela de Medicina de la Universidad Tufts de Massachusetts, uno de los centros de estudios más reconocidos por el impacto de sus investigaciones, también se refirió al tema de los "anti-bacteriales" en el hogar en una conferencia sobre enfermedades infecciosas emergentes.
Levy puso en tela de duda los beneficios para la salud derivados de su uso y resaltó la preocupación de los médicos por la resistencia antibiótica de las bacterias, señalando que si estos llegan a alterar la microflora de las personas derivarán en un mayor riesgo de desarrollar alergias, principalmente en niños. Por supuesto, esto no lo dicen los anuncios comerciales como el de abajo, en donde se incita a lavarse las manos constantemente con estos productos, so pena de ser devorados por las malvadas bacterias. 

domingo, 23 de enero de 2011

El alto costo de proteger la piel

Cerca de 2000 costarricenses son diagnosticados con cáncer de piel cada año. Una de  las causas principales de este mal es la excesiva exposición a la luz ultravioleta que emana del Sol ya que esta penetra la piel daña las células.
Desde el punto de vista estético, sus efectos nocivos incluyen una reducción de la cantidad de proteínas de colágeno y elastina, dando como resultado un envejecimiento prematuro de la piel.
La publicidad y el mercadeo de productos bronceadores motiva a la gente a obtener ese color dorado de piel tan sensual y atractivo, cuando en realidad los dermatólogos son claros al afirmar que toda  piel bronceada es una piel dañada. 
A pesar de tanta advertencia médica y campañas de prevención, durante la época veraniega los balnearios y playas están repletos de bañistas que ignoran las recomendaciones y optan por exponerse al Sol durante largas horas. 
Crear conciencia sobre este problema de salud no ha sido fácil. Sin embargo, hay otro obstáculo que impiden a las personas conscientes y preocupadas por su salud, el acceder a productos que los protejan de estos dañinas radicaciones: el elevado precio de los bloqueadores solares. 
No existe un bloqueador de bajo precio. Cualquier botellita cuesta varios miles de colones, y adquirirlos como un producto más de la canasta básica significa una erogación que muy pocos podrían costear para proteger a su familia. 
Y no estoy hablando de un uso esporádico. Hablo de la protección diaria que necesitan miles de personas expuestas al Sol a razón de su trabajo diario. 
Por eso, cuando veo campañas publicitarias que llaman a la prevención y a la utilización de estos productos, no puedo evitar la comparación con la publicidad de cualquier otro producto de lujo que está fuera del alcance de la mayoría. 
El cáncer de piel va en aumento y a juzgar por la forma ligera cómo los costarricense estamos tomando este problema, no pasará mucho tiempo para que las estadísticas de este mal se disparen a niveles alarmantes. 
Como siempre, habrá que esperar lo peor para que se comience a gestar una cultura de prevención y para limitar y por qué no, prohibir la publicidad que incite a la malsana practica de quemar la piel como una forma de vernos bonitos y atractivos dentro de los cánones actuales de belleza. 
Del cáncer de piel ya existe suficiente evidencia sobre cómo una excesiva exposición solar durante la infancia y la adolescencia aumenta el riesgo de contraer cáncer de piel en la edad adulta. Educar a esta población es prioridad, aunque para hacerlo se deba enfrentar a una industria que lucra con la idea contraria. 
Uno de los hallazgos de una investigación realizada por la Sociedad Estadounidense del Cáncer, fue que muy pocos jóvenes utilizan bloqueador solar pues el bronceado los hace sentirse "atractivos y saludables". Es decir, o no utilizan ninguna protección o prefieren aquellos productos que en vez de proteger la piel, sean más efectivos para cocinarla. ¿Quién ganará la batalla? Creo adivinar la respuesta.