domingo, 22 de mayo de 2011

Comida chatarra ¿fuera de las escuelas?

¿Se imagina usted escuelas y colegios en donde los estudiantes se alimenten en los recreos con productos libres de grasas saturadas, y exceso de azúcares y sodio? Eso pretenden los ministerios de Educación y Salud  por medio un reglamento que además prohibiría la venta de bebidas gaseosas y energéticas y algunos tipos de jugos. 

La razón es obvia. Si los estudiantes van a estudiar con el fin de prepararse para tener un mejor futuro, ese futuro no debería estar amenazado por la gran cantidad de enfermedades asociadas al creciente problema de obesidad en el país, y que ya alcanzó a niños , niñas y adolescentes. Según datos recientes del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición el 21,4% de la niñez costarricense entre los 5 y 12 años ya padece este mal.

Es cierto. Los padres de familia tienen mucha responsabilidad en el asunto, pero tampoco hay volver la vista hacia otro lado e ignorar que buena parte de la comida chatarra que ingieren infantes y jóvenes proviene de los centros educativos en donde estudian. 


Por otro lado, los padres deben enfrentar una lucha muy desigual cuando intentan enseñar a sus hijos buenos hábitos alimenticios, dada la enorme presión que ejerce la industria de la comida chatarra a través de su publicidad. 


Guerra anunciada.

Por supuesto, los fabricantes de estos productos y las grandes empresas de bebidas gaseosas no se quedarán de brazos cruzados y harán todo lo posible porque un reglamento así se quede en el papel. 


En un reportaje publicado en el periódico La Nación, el director ejecutivo de la Cacia (Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria), Mario Montero, anunció que no permitirán que se ejecute esta política, la cual califican de "ilegal". Según Montero, el Gobierno tendrá que demostrar científicamente que un alimento es malo y no hay forma técnica de hacerlo.  

El argumento de Montero nos recuerda las tácticas dilatorias que emplearon las tabacaleras durante cincuenta años, hasta que finalmente admitieron lo que ya ellos sabían: que el cigarrillo produce cáncer y que la nicotina es una droga adictiva. 


Sin embargo, no creo que en el caso de la comida chatarra haya que esperar tanto. Es sabido que este tipo de alimentos vienen repletos de sodio, azúcar y grasas que ayudan a preservar su duración y le dan un mejor sabor. También se sabe que el consumo habitual de estos alimentos (tal y como sucede en las escuelas) son dañinos para la salud porque se depositan en el cuerpo e inhiben la absorción de minerales y nutrientes que el cuerpo necesita y afectan en forma directa el sistema inmunológico de las personas. 


Otro efecto indeseado de la comida chatarra es su asociación directa con el incremento de la obesidad y sus consecuentes males derivados como problemas cardíacos, de hígado y riñón, presión alta, problemas hormonales y debilitamiento del sistema inmunológico.  

Por otra parte, cada vez hay más estudios que ligan el consumo de alimentos de este tipo con un empeoramiento en el comportamiento de los niños, los cuáles tienden a ser más hiperactivos y como consecuencia, tienen menos concentración en clase. 


El exceso de azúcar en las golosinas y las bebidas gaseosas y energéticas tienden a crear dependencia para lograr los niveles de energía deseados y sin ellas, los estudiantes se sienten débiles y aletargados. 

La lucha por erradicar la comida chatarra se está dando fuerte en los Estados Unidos, en donde muchas escuelas han adoptado sistemas de alimentación saludables con resultados asombrosos en el desempeño de los estudiantes. 

En el documental Supersize me (ver video clip abajo), sobre el impacto de la comida rápida en la salud de las personas, el cineasta Morgan Spurlock contrasta una escuela secundaria en donde la alimentación es parecida a la nuestra, y la experiencia en Appleton Central High School, en  Winsconsin. 

En este último pusieron en marcha un plan integral de salud que incluyó un cambio radical en la alimentación de los estudiantes con excelentes resultados. 

Abogamos porque la idea propuesta por los jerarcas de Salud y Educación se concrete a pesar de la oposición anunciada por la Cacia, quienes más bien deberían comenzar a impulsar la idea de fabricar productos, principalmente aquellos dirigidos a los niños, que no sean dañinos para la salud. 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

cuál organización social, ONG o lo que sea se apunta a pedir participación en redactar ese reglamento? Regalar el espacio a los intereses comerciales no es buena idea. Tampoco es buena idea no dar la lucha porque "de por sí esto o lo otro".

Wílliam Venegas dijo...

Rónald, a su idea dejada en mi blog de que yo, ¡yo!, me haga poeta, me permito reproducirle aquí mi respuesta:

Rónald:
Le respondo de dos maneras:
en broma: ¡si poesía soy yo!
en serio: ¿está usted loco? [¿o me está vacilando con fina ironía]

No pude ir a ver el documental suyo por más que quise... y lo lamento (por mí).

Eso le contesté. Rónald, por demás, es difícil que yo no coincida con sus puntos de vista en letra menuda, o sea, tenemos una percepción semejante de la realidad y, además, usted escribe con muy buena pluma, maneja muy bien el estilo del pequeño ensayo.
¡Cuidado se le ocurre hacerse poeta a usted! Que ni usted ni yo.

Wílliam Venegas dijo...

¿O usted sí tiene inspiraciones de vate?