lunes, 11 de abril de 2011

Comida chatarra y niñez hiperactiva

Desde que el pediatra Benjamin Feingold aseguró, en 1973, que existía una relación directa entre los colores y sabores artificiales en los alimentos y la hiperactividad de los niños, arrancó una  controversia sobre la veracidad de dicha afirmación que hoy está más vigente que nunca. 

Si bien no se ha llegado  a ninguna conclusión definitiva, cada vez hay más motivos para suponer que el doctor Feingold llevaba razón en su tesis. 

De hecho, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) sigue examinando el asunto de cerca bajo la sospecha de que los colorantes, así como otras sustancias presentes principalmente en la comida chatarra, en realidad alteran el comportamiento de niños susceptibles a ellas.

La FDA también ha solicitado a un panel de expertos revisar pruebas y datos disponibles ante una petición hecha por el Centro para la Ciencia en el Interés Público -en el 2008- de eliminar ocho colorantes; entre ellos, el amarillo número 5 y el rojo allura AC. 

Para el director de dicho centro, Michael Jacobson, el único fin de los colorantes es "engañar a los consumidores" haciendo que la comida chatarra se vea más atractiva. 

Si al tema de los sabores y colores artificiales le sumamos las cantidades exhorbitantes de azúcar que consumen los niños y las niñas diariamente, este asunto de la hiperactividad no debiera sorprender a nadie, pero sí preocuparnos a todos.  

Comencemos con el desayuno. Un reciente anuncio comercial de cereales Kellog´s pretende hacer una asociación entre la inteligencia de los niños y el consumo de sus productos. Nada más alejado de la realidad. Estudios realizados en los Estados Unidos han determinado que los cereales, cuya publicidad está dirigida principalmente a los niños, llegan a poseer una cantidad de azúcar de hasta un 50 por ciento. Además son altos en sodio, grasa y carecen de fibra dietética. 

En las escuelas, las sodas se caracterizan por venderles a los niños productos con altos contenidos de grasa, sodio y azúcar. 

Galletas, meneitos, picaritas, confites, repostería, gaseosas, jugos artificiales y todo tipo de golosinas repletas de azúcar son algunos de los alimentos que consumen los escolares durante los recreos. ¿Se puede esperar de ellos concentración y quietud en la clase tras semejante ingesta? 

¿Cuántos niños y niñas que actualmente se encuentran bajo medicación diagnosticados con déficit atencional mejorarían sustancialmente su condición si recibieran una adecuada alimentación? 

Una pregunta difícil pero urgente de contestar.

2 comentarios:

Wílliam Venegas dijo...

Perdone, amigo, por no venir más menudo. Ya le he dado la pasada obligatoria a su blog y admiro su tenacidad con los temas que son comunes ya en su blog. Ahora, le digo que me extrañó su comentario en mi blog, exactamente lo contrario de argumentos que uno encuentra con su letra menuda por todo lado donde usted escribe, ¿o será que no lo entendí? Esta duda la expresé en mi blog. ¿O será que habla usted con ironía? ¿O es un tema en el que usted se declara derrotado? No sé, no me queda claro y, de alguna manera, he externado mi extrañeza en comentarios en mi blog y ante mi amigo Canaado.

Wílliam Venegas dijo...

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