domingo, 6 de febrero de 2011

Alicia en el país del Súper Bowl

En los últimos 10 años se han invertido unos 1.600 millones de dólares en publicidad durante el Súper Tazón, o Súper Bowl. Solo en este año la NFL calculaba recaudar al menos 200 millones. 
La exorbitante suma se logra gracias a que cada anunciante está dispuesto a pagar 3 millones de dólares por tan solo 30 segundos al aire. Esta cifra no incluye los millones que las firmas gastan en la producción de comerciales, cuyos efectos especiales no tienen nada que envidiar a las películas de Hollywood
Cien millones de espectadores en los Estados Unidos y otros tantos millones en el mundo entero, parecen justificar estos onerosos desembolsos. La apuesta es que el mensaje, la imagen y el posicionamiento de las marcas logre influir en las decisiones de compra de los consumidores. 
Este gran pasarela de la publicidad pone en evidencia el poder desmesurado que tienen algunas empresas para, por medio de anuncios comerciales diseñados con la ayuda de psicólogos, sociólogos y estudiosos del funcionamiento de la mente humana, lograr persuadir con efectividad a millones de potenciales compradores. 
Tres millones de dólares por un anuncio de treinta segundos de duración. La sociedad de consumo actual es así. Más parece el reino del sinsentido en donde cualquier disparate es visto con normalidad. Es como si todos nos hubiésemos puesto de acuerdo para tragar la píldora azul de La Matriz y vivir con tranquilidad inmersos en una realidad virtual fabricada a imagen y semejanza de marcas, eslóganes y logotipos.    
En el Súper Tazón este poder se magnifica. Aquí los anuncios comerciales ya no solo cumplen con su objetivo de crear esa ficción alrededor de los productos, sino que  transforman a sí mismos en objeto de admiración y pleitesía.  
Liz Gannes, en un artículo sobre este tema publicado hace algún tiempo en el New York Times escribió: “No se puede participar en la sociedad americana moderna, si no se tiene nada que decir en las conversaciones sobre los anuncios del Super Bowl”.
Con razón el lúcido escritor Eduardo Galeano afirma que si Alicia viviera en nuestros días le bastaría con asomarse a la ventana para descubrir el mundo al revés. O tal vez, diría yo, con encender la televisión un domingo de Súper Tazón.  

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