domingo, 25 de julio de 2010

El lado feo de la industria de la belleza

¿Sabía usted que las fragancias de los perfumes, champús, desodorantes y otros productos de belleza son considerados un secreto comercial y por lo tanto las compañías no están obligadas a revelar sus ingredientes?
¿Sabía usted que los compuestos químicos de muchas de estas fragancias están relacionados con efectos nocivos para la salud como alergenos, sustancias neurotóxicas  y químicos dañinos como el DEHP, cuyo uso es prohibido en Europa?  
Y hay más. En octubre del 2007, pruebas realizadas en laboratorios independientes encontraron plomo en lápices labiales de marcas tan reconocidas como L\'Oreal y Cover Girl. De hecho, de 33 populares marcas estudiadas un 66 por ciento contenía plomo.
El año pasado un estudio de seguimiento realizado por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos por sus siglas en inglés) encontró plomo en todos los lápices labiales estudiados.
Los niveles más altos se encontraron en las marcas fabricadas por grandes compañías como Procter & Gamble, L\'Oreal y Body Shop and Maybelline. El uso repetido de lápiz labial hace que el plomo se acumule en el cuerpo con sus consecuentes riesgos para la salud. 
El riesgo es mayor si la exposición la sufren mujeres embarazadas y las niñas, a quienes a veces se suele maquillar como si fueran adultas.  
 A propósito de niños, dos conocidos cancerígenos, 1,4-dioxano y formaldehído fueron encontrados en docenas de productos de baño para bebés, y de marcas igualmente reconocidas como el champú de Johnson & Johnson y productos con personajes de Plaza Sésamo en sus envases. En ningún caso las etiquetas revelaban la presencia de los peligrosos ingredientes.
El esmalte para las uñas y los removedores son otros de los productos de belleza que contienen una gran cantidad de ingredientes tóxicos conocidos. En particular se teme por la salud de quienes trabajan en los salones de belleza dada la continua exposición a estas sustancias.
¿Y qué hay de los productos que se anuncian como “naturales” y “orgánicos”? Al menos para los productos fabricados en los Estados Unidos, (los mismos que se venden en nuestro país) y a diferencia de la industria alimentaria, no existe ninguna regulación sobre ellos. Esto quiere decir que los fabricantes pueden utilizar estos términos como un ardid publicitario y nada más.  
Un claro ejemplo es el Champú Herbal Essence de Clairol,  compuesto por docenas de petroquímicos (¿petróleo en el cabello?) y no tanto por hierbas ni mucho menos ingredientes orgánicos.  
Ante la falta de acción por parte de las autoridades The Campaign for Safe Cosmetics (La Campaña para cosméticos seguros) una coalición compuesta por más de cien organizaciones viene dando una fuerte lucha en los Estados Unidos para lograr que hagan efectivas las reformas legislativas necesarias que obliguen a las empresas a eliminar estos agentes peligrosos de sus productos e informar debidamente a los consumidores.
La buena noticia es que muchas empresas ya se están comprometiendo con el cambio.  Quizás algún día, ojalá no muy lejano,  las mujeres puedan ponerse bonitas sin morir en el intento.  




lunes, 19 de julio de 2010

¿Limpiadores tóxicos?

“Manzana y canela. Arrímate al calor del fogón y siente el vigorizante aroma de la cidra especiada”. “Brisa Hawaiana. Aloha. Árboles de mango, sembrados de piña, playas de arena fina, lluvias tropicales, las ondulantes olas del pacífico.”  Con estas seductoras frases se promocionan los ambientadores de aromas, cada vez más populares en los hogares.
De pronto parece haberse vuelto una necesidad andar rociando la casa con alguno de esos productos o tener aparatitos pegados al enchufe para que de cuando en cuando suelten alguna fragancia exótica y garantizar de este modo que la casa siempre huela “rico”.
Lo que los consumidores no sabemos es cuáles ingredientes químicos son utilizados en la fabricación de estos productos y si son potencialmente peligrosos para la salud.
Earthjustice, una firma de abogados de interés público dedicada a proteger los recursos naturales, la vida silvestre y a defender el derecho de la gente de disfrutar de un ambiente saludable ha llevado ante la justicia estadounidense a poderosas compañías fabricantes de productos de limpieza para el hogar tales como Proctor & Gamble y  Colgate-Palmolive.
En la lista de productos cuestionados están populares jabones y desinfectantes de venta en nuestro país como Ajax Fabuloso, Dynamo, Palmolive (jabón líquido lavaplatos), Ajax (líquido lavaplatos), Vanish, Lysol, Ivory (detergente y lavaplatos) y Mr.Clean, entre otros.   
La razón de la acusación radica en la negativa de estas compañías de cumplir con una vieja ley del estado de Nueva York que data de 1976, y que las obliga a revelar los ingredientes de sus productos y los riesgos para la salud que estos representan.
Según Earthjustice, este es un caso único que podría llegar a tener implicaciones a nivel nacional dado que estudios independientes continúan encontrando efectos nocivos en la salud derivados de los químicos contenidos en los productos de limpieza. Los riesgos van desde asma hasta daños en el sistema nervioso, problemas hormonales y anormalidades reproductivas.    
En el 2008, Earthjustice envió cartas a más de 12 compañías fabricantes solicitándoles cumplir con dicha ley (desde 1976 ninguna ha cumplido) recibiendo por respuesta una negativa o el silencio. Fue entonces cuando decidieron entablar la demanda.  
“Creemos que la gente merece saber si los productos que utilizan para lavar los platos, su ropa y limpiar su casa contienen esos químicos. De esta forma podrán tomar decisiones informadas para proteger a sus familias – y mejor aún- exigirle a las compañías que dejen de utilizar estos dañinos químicos en sus productos”, reza una declaración oficial de Earthjustice.




domingo, 11 de julio de 2010

Pague más lleve menos

¿Alguna vez ha notado cómo ciertos productos parecen haberse encogido? Piense en el tamaño de confites. Por ejemplo, las tapitas o morenitos Gallito. ¿Y qué me dice de las “cremitas” de Pozuelo? Quienes recordamos el tamaño original, nos sorprendemos al ver su dimensión actual. De seguir encogiéndose algún día llegarán a desaparecer.
La práctica de reducir el tamaño de los productos se ha extendido y más aún como un efecto de la crisis económica. John Gourville, profesor de mercadeo en la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, estudió los patrones de compra de 157 cereales en el 2004 y llegó a la conclusión de que los consumidores son más sensitivos a los precios altos que a recibir menos producto. “La gente por lo general no se da cuenta de que está recibiendo menos y aquellos que están conscientes prefieren obtener menos que pagar más.” , afirma Gourville en un artículo publicado en US Today.
Sin embargo, en realidad la práctica del downsizing (reducir el tamaño, cantidad o porciones de los productos) no es otra cosa que un aumento disimulado de precio, pues usted recibe menor cantidad y no hay una rebaja en el precio.
Esto sucede con helados, jugos, papel higiénico, jabón de baño, chocolates, galletas, mayonesa y vaya usted a saber cuántos productos más.
¿Es esta práctica nueva? Para nada. Consumer Reports, una respetada organización de consumidores en los Estados Unidos, descubrió por medio de una encuesta de lectores que las empaques engañosos figuraban como primer punto en la lista de temas que requerían de mayor cobertura. Dicha encuesta se realizó ¡en 1959!  
Y es que no siempre es fácil percatarse de la diferencia en el tamaño de un producto, principalmente si no se cuenta con una referencia del producto original.
En otros casos, establecer la disimilitud es prácticamente imposible, como por ejemplo determinar cuántas hojas menos tiene un rollo de papel higiénico o detectar una disminución en el grosor de las bolsas de basura.
Por otro lado, los fabricantes se valen de trucos como recipientes con fondos gruesos o cóncavos y paquetes de igual o mayor tamaño, pero con menos cantidad de producto adentro.
Jugo con menos jugo, bolsas de papas con menos papas, barras de chocolates que se encogen. ¿Qué sigue? ¿Docenas de huevos con 10 unidades?¡Vaya usted a saber!
 

domingo, 4 de julio de 2010

La verdad sobre el agua embotellada

Podríamos decir que pagar por agua embotellada es el equivalente a comprar aire embotellado, con el agravante de que su producción, distribución y consumo producen un daño ambiental de enormes proporciones.
¿Es el agua embotellada de mejor calidad? No siempre, a no ser de que el lugar en donde usted viva tenga problemas reales de contaminación.
¿Sabe mejor el agua embotellada? En pruebas a ciegas llevadas a cabo en los Estados Unidos, se ha comprobado que la gente prefiere –de forma consistente-  el sabor del agua del tubo.
Todo esto nos lo explica Annie Leonard, activista experta en temas de sostenibilidad, salud y justicia ambiental, y creadora del corto La historia de las cosas (The story of stuff), en su nueva producción, La historia del agua embotellada (The story of bottled water). 
Se calcula que solo en EEUU se consumen más de 500 millones de botellas de agua semanales. Esa cantidad es suficiente para darle la vuelta al mundo cinco veces.
Para las empresas comercializadoras el agua embotellada viene a suplir una demanda del consumidor. La pregunta es: ¿quién demanda un producto que sabe peor, que es menos sostenible y mucho más caro y que se puede obtener casi de forma gratuita en la cocina de la casa?
El origen de todo esto-explica Leonard- es resultado de uno de los motores principales del funcionamiento de nuestro sistema económico, la denominada creación de demanda.
El miedo y la inseguridad han sido la base de la estrategia publicitaria del agua embotellada. El miedo, se sabe, es una poderosa herramienta multipropósito (hasta sirve para promover tratados de libre comercio).  
La otra estrategia es maquillar la realidad mediante la utilización de imágenes fantásticas de manantiales que emergen de la montaña cuando lo cierto es que un tercio de toda el agua embotellada de los EEUU es agua filtrada del tubo.
El otro problema tiene que ver con la extracción y producción del petróleo necesario para fabricar las botellas de agua. Para que tenga una idea, la producción de las botellas de agua que se consumen en EEUU en un año requiere una cantidad de petróleo equivalente a la que se necesitaría para llenar el tanque de un millón de automóviles.
Una vez producidas, las botellas son transportadas por todo el planeta para que usted se la beba en unos pocos minutos.
Luego las botellitas, o al menos un 80% o más de ellas, acabará en  vertederos de basura en donde tardará miles de años en descomponerse o serán incineradas, lo cual libera gases contaminantes tóxicos.
“Asustarnos, seducirnos, engañarnos. Estas son las principales estrategias de la creación de demanda. Una vez se ha creado la demanda y el consecuente mercado multimillonario, lo defienden destruyendo a la competencia. Sólo que, en este caso, la competencia es nuestro derecho humano a un acceso a agua potable, limpia y saludable”.
La solución, vuelva a tomar agua del tubo. Llene su botellita una y otra vez con agua limpia y barata de su propia casa. Su bolsillo y el planeta se lo agradecerán.