miércoles, 24 de noviembre de 2010

Los nuevos contadores de historias

En un reciente conversatorio sobre la escasa cobertura de actividades culturales en los telenoticiarios del país, el periodista Manuel Delgado -de Telenoticias- hizo una afirmación perturbadora: El contenido de los programas de noticias, ni siquiera lo deciden los directores de esos espacios. Lo definen las agencias de publicidad.
Delgado aseguró haber visto buenos programas desaparecer por la falta de pauta publicitaria. Esto nos lleva a una importante interrogante: ¿cuánto de lo que vemos, escuchamos y leemos en los medios de comunicación está determinado o influenciado por los intereses de los anunciantes?
Jean Kilbourne, escritora y conferencista de prestigio internacional, en su libro Can´t buy my love (No puedo comprar mi amor) describe la publicidad como el aspecto de mayor relevancia en los medios de comunicación masivos.
De ahí que los programas de televisión más exitosos no sean, necesariamente, los de mejor contenido, si no los que ofrecen la mayor cantidad de espectadores a los anunciantes. Cadenas como MTV se presentan a sí mismas como el lugar de los rebeldes y los disconformes, mientras venden su audiencia a los anunciantes como el lugar donde habitan millones de conejitos de india dispuestos a comprar lo que les digan.
Cartoon Network, por ejemplo, le ofrece a sus anunciantes cifras difíciles de resistir. Los niños influyen en los gastos anuales de sus padres en más de 130 mil millones de dólares y los propios menores gastan 8 mil millones de su propia bolsa. No en vano los juguetes que se anuncian durante los programas infantiles están basados en los personajes de esos mismos programas. Igual sucede con los juguetes de los menús para niños que se utilizan como "gancho" en los restaurantes de comida rápida.
Los niños se usan como "agentes" de ventas
En palabras de Kilbourne, (los niños) "no solo están influenciando las compras presentes, están desarrollando lealtad de marca y el inicio de una adicción al consumo que servirá de mucho a las corporaciones en el futuro." 
En cuanto a los periódicos, la autora asegura que estos medios están más en el negocio de vender un mercado meta a los anunciantes, que en el de darle a la gente noticias, y cita  un anuncio de página entera en el New York Times dirigido hacia ellos: "Algo gracioso ocurre cuando la gente termina de leer el periódico. Ellos (los lectores) comienzan a gastar dinero."
Las revistas, dice Kilbourne, no son otra cosa que catálogos de productos con menos de la mitad de contenido editorial que, dicho sea de paso, también está al servicio de los anunciantes.
Con esto en mente, nos asalta de nuevo la interrogante:¿Cuánta de la información que vemos, leemos y escuchamos en los medios está permeada o alterada para complacer los intereses de los patrocinadores, sin que nosotros los consumidores lleguemos a percatarnos?
Como bien argumenta Jean Killbourne, los seres humanos antes solíamos ser influenciados primariamente por las historias de nuestra comunidad, no por las historias fabricadas en masa con la mira en el mercado.
George Gerbner, un investigador de la influencia de los medios, lo resume de la siguiente manera.
"Por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de las historias acerca de la gente, la vida, y los valores, no están siendo contadas por los padres, las escuelas, iglesias, u otros en la comunidad que tienen algo que decir, sino por un grupo distante de conglomerados que tienen algo para vender. Las historias que más influencian a nuestros niños hoy en día son las historias contadas por los anunciantes."

8 comentarios:

Generación Rebelde dijo...

¡Inocente yo! Siempre creí que la programación solo dependía de la popularidad de los programas y que las noticias transmitidas en los respectivos programas obedecían a la ideología, gusto y estilo preferido del canal.

Cierto, es perturbador saber lo que usted informa.

Wílliam Venegas dijo...

A ver, no creo que lo dice Manuel Delgado sea del todo cierto. Sí y no. Un canal de tele tiene ganancias millonarias y bien podría tener espacios dedicados a la cultura que no le den dinero, este sale o puede salir de otro costal. Lo que no hay es actitud. Lo de Manuel es defensa innecesaria del medio para el cual trabaja.

Wílliam Venegas dijo...

Quiero contar esto: Luis Carcheri, empresario que trae cine al país, promueve traer cierto tipo de cine alternativo (de arte) que no deja ganancias en las boleterías. Una vez me dijo que él equilibra esas pérdidas con las ganancias fuertes que sí deja otro tipo de cine, tipo Harry Potter.
Es lo que quiero decir.
Incluso una empresa como La Nación tiene un suplemento cultural (Áncora) con esa política y busca, así, su prestigio.

Ronald Díaz V. dijo...

Correcto Wílliam, lo que falta es voluntad. Pero no creas, la influencia de los patrocinadores es mucha. En los noticiarios hay publicidad disfrazada de noticia y ni qué decir de las revistas matutinas. En el cine, recordá cuando McDonald´s hizo lo suyo para que Supersize me no se pasara en los cines locales, y lo logró.

Liliana Lucki dijo...

Me da placer leer y estar tan de acuerdo con tus comentarios.

He leído detenidamente varios y de variados temas.
Genial.

No es muy diferente en mi país, Argentina.

Mi saludo y felices fiestas...consumo,ventas y algo

de espiritualidad...por favor !!! Mi saludo, Liliana

Ronald Díaz V. dijo...

Gracias Liliana, me da mucho gusto saber de usted. ¡Un saludo muy especial desde Costa Rica!

Wílliam Venegas dijo...

¿Y esto cómo se llama?

Rónald: La empresa Romaly ha "fuleado" la publicidad alrededor de la película "El niño traidor" (la que usted comentó en mi blog). Ya usted sabe lo que pienso de esa cinta, incluso usted se manifestó a propósito de lo que escribí (en mi blog). Ah, pues pese a mis observaciones, de la crítica tomaron solo una valoración positiva y le dieron 'copiar y pegar' en la publicidad del filme. Así quedé yo como muy entusiasmado con lo que no me entusiasma tanto.
Eso sí es jugar con 'la letra menuda'.
Saludos, amigo.

Anónimo dijo...

Róger Chaves. Interesante nota y comentarios. Ahora, también se podría discutir otro asunto. Imaginemos más cobertura en los medios para "actividades culturales", más "Ancoras" y más cine "alternativo". Y qué? Cuánta contribución haría al desarrollo cultural de la nación, de su gente? Podríamos -como me dijo un profesor hace unos años- empezar a aprender esto de lo Cultural (con mayúscula), hablar en esa jerga, recordar nombres, citar, etc. y ello no necesariamente significa un enriquecimiento cultural. Al contrario, se requieren otras claves, que la gente pueda hacer su rock y su rap en libertad con las muchachas de los barrios (no con los estigmas de hoy), recuperar su historia rural en las escuelas y liceos, re-conocer la población nicaragüense en CR (o peruana en Argentina, o mapuche en Chile) como parte de emprendimientos comunes. Algo que tal vez me resuena por lo de J. Killbourne citado por Ronald.