domingo, 5 de septiembre de 2010

Consumo de carne amenaza el planeta

El consumo de carne es una amenaza  


Salvar el planeta está de moda. Los productos "amigables con el ambiente" pululan y las campañas publicitarias resaltan la buena voluntad de las empresas por realizar acciones que demuestren su compromiso con la preservación de los recursos naturales.
Sin embargo, la realidad es que estamos muy lejos de ejecutar acciones que tengan un verdadero impacto sobre el ambiente. O mejor dicho, estamos dispuestos a hacer solo aquello que no nos incomode ni represente un gran sacrificio. Por ejemplo, seguimos utilizando bolsas plásticas, tomamos agua embotellada, compramos más de lo que necesitamos  y...¡comemos carne
En el 2006, un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación) describió la cría de animales como una de las "más grandes amenazas para el ambiente" y fuente principal de degradación de la tierra y el agua.
El consumo de carne y lácteos contribuye en un 18 por ciento a la formación de gases de invernadero responsables del calentamiento global. Este porcentaje es mayor a los gases producidos por los medios de transporte mundiales. Muchos expertos estiman que el porcentaje señalado por la FAO se queda corto y achacan a la cría de ganado la mitad de este tipo de emisiones.
Como sea, para entender mejor la dimensión del daño, las emisiones de gas metano provenientes del ganado son mucho peor que el propio CO2 (dióxido de carbono). El metano, en un periodo de 12 años, atrapa en la atmósfera 25 veces mayor cantidad de calor que la retenida por el dióxido de carbono en un siglo.
La cría de ganado es la mayor fuente de gas metano causada por humanos y es el origen de otros problemas ambientales como la contaminación derivada del transporte, de fuentes de agua, deforestación de bosques, problemas de salud asociados con el consumo de carne, y más recientemente la transmisión de enfermedades como la gripe aviar y el virus AH1N1. Dicho esto, usted puede comprar una bolsa en el supermercado para reemplazar las de plástico, pero si en ella llevamos los bistecs de la semana, la verdad incómoda es que lejos de ser parte de la solución, con nuestros hábitos de consumo y alimentación, somos una buena parte del problema.

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