domingo, 4 de julio de 2010

La verdad sobre el agua embotellada

Podríamos decir que pagar por agua embotellada es el equivalente a comprar aire embotellado, con el agravante de que su producción, distribución y consumo producen un daño ambiental de enormes proporciones.
¿Es el agua embotellada de mejor calidad? No siempre, a no ser de que el lugar en donde usted viva tenga problemas reales de contaminación.
¿Sabe mejor el agua embotellada? En pruebas a ciegas llevadas a cabo en los Estados Unidos, se ha comprobado que la gente prefiere –de forma consistente-  el sabor del agua del tubo.
Todo esto nos lo explica Annie Leonard, activista experta en temas de sostenibilidad, salud y justicia ambiental, y creadora del corto La historia de las cosas (The story of stuff), en su nueva producción, La historia del agua embotellada (The story of bottled water). 
Se calcula que solo en EEUU se consumen más de 500 millones de botellas de agua semanales. Esa cantidad es suficiente para darle la vuelta al mundo cinco veces.
Para las empresas comercializadoras el agua embotellada viene a suplir una demanda del consumidor. La pregunta es: ¿quién demanda un producto que sabe peor, que es menos sostenible y mucho más caro y que se puede obtener casi de forma gratuita en la cocina de la casa?
El origen de todo esto-explica Leonard- es resultado de uno de los motores principales del funcionamiento de nuestro sistema económico, la denominada creación de demanda.
El miedo y la inseguridad han sido la base de la estrategia publicitaria del agua embotellada. El miedo, se sabe, es una poderosa herramienta multipropósito (hasta sirve para promover tratados de libre comercio).  
La otra estrategia es maquillar la realidad mediante la utilización de imágenes fantásticas de manantiales que emergen de la montaña cuando lo cierto es que un tercio de toda el agua embotellada de los EEUU es agua filtrada del tubo.
El otro problema tiene que ver con la extracción y producción del petróleo necesario para fabricar las botellas de agua. Para que tenga una idea, la producción de las botellas de agua que se consumen en EEUU en un año requiere una cantidad de petróleo equivalente a la que se necesitaría para llenar el tanque de un millón de automóviles.
Una vez producidas, las botellas son transportadas por todo el planeta para que usted se la beba en unos pocos minutos.
Luego las botellitas, o al menos un 80% o más de ellas, acabará en  vertederos de basura en donde tardará miles de años en descomponerse o serán incineradas, lo cual libera gases contaminantes tóxicos.
“Asustarnos, seducirnos, engañarnos. Estas son las principales estrategias de la creación de demanda. Una vez se ha creado la demanda y el consecuente mercado multimillonario, lo defienden destruyendo a la competencia. Sólo que, en este caso, la competencia es nuestro derecho humano a un acceso a agua potable, limpia y saludable”.
La solución, vuelva a tomar agua del tubo. Llene su botellita una y otra vez con agua limpia y barata de su propia casa. Su bolsillo y el planeta se lo agradecerán. 

 


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