domingo, 2 de mayo de 2010

El taxista X

¿Cuántas horas maneja usted por día? Le pregunté al taxista luego de varios minutos de viajar en silencio. El tránsito en el centro de San José estaba espeso, a pesar de la restricción vehicular, quizás por ser viernes de pago.
-“15 horas”, fue la respuesta.
Animado por mi interrogante, luego me explicó que el día anterior a las 6 p.m. ni siquiera había podido recaudar la cuota del patrón y el costo del combustible, y por eso tuvo que seguir trabajando hasta la una de la madrugada.
“Yo ni saco la hora de almuerzo. Paro en una sodita y me compro una empanada y un café. No ve que la presión es mucha”. El taxista, de quien nunca supe el nombre, continuó desahogando sus penas mientras buscaba abrirse campo en aquella jungla de carros y peatones. 
“Yo tengo dos chamacos en el colegio,  ¡y diay!  No puedo darme el lujo de llegar sin un cinco a la casa”.
¿Y cuántos días trabaja?, le pregunté, ya  con la intención de hacerle una entrevista no planeada.
-“Siete días a la semana”.
-¿Cómo? ¿Y el día libre?
“¡Qué va de día libre! Como el taxi es nuevo, al patrono no le gusta tener dos choferes. Él me dijo que si quería día libre, que le echara siete rojitos más por día. Es decir, que yo me pague el día libre, ¡No pierde!
-  Oiga, pero su jefe es un cabrón. Le dije indignado.
- “¿Usted no sabe quién es? Es (…), aquel que fue jefe de tránsito. ¿Lo conoce? El tiene 16 taxis. Es para que vea. A él no le importa uno. Lo único que le importa es la plata. Fíjese que si el taxi está en el taller, él está encima del mecánico para sacarlo antes de las tres horas, porque si dura más que eso entonces me tiene que rebajar la cuota. Y si antes de las tres horas no ha terminado, entonces le dice al mecánico que lo deje así  y continúe con la reparación el  día siguiente. ¡Qué va, ese hombre es la muerte!”
- ¿Pero usted sí está asegurado?
- Ah sí, en eso el hombre es legal. Pero vea qué vivo. El seguro está a nombre mío. El hombre hace las vueltas, pero es como si yo tuviera seguro propio.
-¿Entonces usted no tiene aguinaldo ni vacaciones?
-“No. Por eso no le duran los taxistas. Yo también ya me siento cansado. A mí por eso me da cólera oír al presidente decir que cada día estamos mejor. Mejor estará él. Para mí eso de ir al supermercado a comprar un diario entero es cosa del pasado. Ya no se puede. Todo está muy caro.  Por cierto, ¿verdad que mañana es el día del trabajo?
- Sí, mañana es, le respondí.
-“Que tenga un buen día”.
- Usted también. Usted también…

Nota: Escribo esta columna en nombre de todos aquellos trabajadores explotados en esta, nuestra querida Costa Rica. A aquellos cuyos derechos, como el salario mínimo, o el derecho al descanso, son pisoteados ante la mirada indolente de todos.

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