domingo, 4 de abril de 2010

¡Lllame ya!...¿o mejor no?

Power Juicer, Cardio Twister, Sculptor Body… Son decenas de productos con nombres llamativos los que a diario vemos por televisión en los llamados informerciales. Sí, esos anuncios en donde el locutor habla con tal rapidez y convicción que al final logran su cometido.
¡Llame ya! es el clásico imperativo que culmina la avalancha de promesas con que estos comerciales logran exprimir miles de millones de dólares de los bolsillos de los consumidores.
Estas poderosas máquinas de hacer dinero basan su lucrativo negocio en una modalidad de mercadeo mucho menos costosa que una campaña publicitaria tradicional, y mucho más efectiva.
Pero, ¿qué esconde esta lucrativa técnica de ventas? El secreto, según Martin Lindstrom, un experto en publicidad y autor de un libro sobre las razones que llevan a la genta a comprar, está en la neurociencia.
Basado en los resultados de investigaciones realizadas con 2,000 consumidores, Lindstrom asegura que los informerciales llevan al televidente a un "paseo psicológico" a bordo de una especie de montaña rusa.
La diversión -dice el autor- comienza con una dramatización de un problema que usted desconocía tener, seguido de una increíble solución y de una serie de asombrosos beneficios, bonos y regalos que rematan con ¡un increíble bajo precio!
Lo que el consumidor desconoce, es que estos mensajes están científicamente diseñados para tener un efecto fisiológico en los espectadores.
Específicamente, afirma Lindstrom, los niveles de dopamina (hormona neurotransmisora que actúa en el cerebro proporcionando placer y motivando a realizar ciertas actividades) se eleva mientras el televidente observa los comerciales, y esto lo hace más proclive a tomar una decisión de compra por impulso.
Sin embargo, bastan cinco o seis minutos después del “viaje” para que el nivel de dopamina baje y por eso los informerciales recurren al “llame ya” con el propósito de incentivar la venta antes de que esto suceda.   
Christian Holiday, presidente de Global Media Marketing, una productora de informerciales, revela otro secreto: “La magia de la filmación y edición para la televisión puede hacer que cualquier cosa se vea bien”.
¿Significa esto que todos los productos vendidos a través de la televisión son malos? No exactamente. Se calcula que la mitad de ellos cumplen con su promesa, un 30 por ciento lo hacen, pero a un precio mayor y el resto son pura basura.
Eso sí, el riesgo, corre por su cuenta. 

3 comentarios:

Marlene dijo...

Querido amigo Ronald
Tu comentario es muy acertado.En dos ocasiones mi dopamina me traiciono.Compre dos pequeñas maquinas para hacer ejercicio y me emocione al principio pero despues ni las voltee a ver.Ahora tengo mas cuidado y les enseño a mis hijos a que no caigan en esta trampa.

Jazz dijo...

A mí lo que siempre me ha llamado la atención es que no son anuncios, son largometrajes!! Es increíble cuanto tiempo duran, la cantidad de testimonios y el poder de convencer que tienen...por dicha a mí no me alcanza la plata para esas cosas, así que no he "caído".

Ronald Díaz V. dijo...

Marlene: hola, sí, a todos nos pasa. Lo importante es aprender de esas experiencias.

Jazz: La duración de estos anuncios es clave pues se basan en la repetición de una idea. Recordemos el principio de la propaganda que recomienda repetir una mentira el suficiente número de veces para que se convierta en "verdad".

Saludos y gracias por los comentarios.