domingo, 14 de febrero de 2010

Esas famosas "ofertas"...

10%, 15%, 25%, ¡50% por ciento de descuento! Las rebajas y promociones siempre están ahí para hacer clic en el botón que impulsa las ventas.
Este es el principio sobre el cual se fundamentan las ofertas dado que no existe un medidor interno para saber cuánto valen las cosas en realidad.  Por eso, a la mayoría de nosotros nos es difícil saber qué queremos a menos que lo veamos en contexto.
Veámoslo con un ejemplo. Si queremos ir a un restaurante y nos encontramos con una promoción de un emisor de tarjetas de crédito que nos ofrece un 50% de descuento en una lista de restaurantes seleccionados, ese puede ser un buen aliciente para tomar una decisión.
Igual sucede en los supermercados. Puede que llevemos preparada una lista de los productos que vamos a adquirir, pero en el súper nos encontramos con que una marca de leche viene acompañada de una cajita de cereal con la etiqueta “gratis” adherida y eso nos lleva a modificar la idea original de compra. 
De igual forma los famosos “Sale” del mall atraen cientos de compradores deseosos de conseguir ropa de marca u otros artículos con precios más asequibles.
Sin embargo, esta dinámica de las ofertas debe ser vista con cuidado, pues se dan casos en que solo son una estrategia publicitaria de venta que en la práctica no representa poca o ninguna ventaja para el consumidor. 
Pienso, luego compro
Un principio básico de los descuentos es que en la etiqueta venga marcado el precio original. De nada sirve que se nos diga que hay un porcentaje de rebaja si no tenemos como base el precio que se cobraba antes de la oferta.
Es importante también tener cuidado con el estado en que se encuentra la mercadería para comprobar que el descuento no obedece a una condición inferior del producto. En los supermercados -por ejemplo- hay que fijarse si los productos en oferta no están cercanos a su fecha de vencimiento o ya están vencidos.
Otro punto a considerar es que el hecho de que exista un descuento o rebaja, no es necesariamente una ventaja si el precio original es tan elevado que aún con el descuento el producto sigue siendo caro, ya sea en relación con sí mismo o con un producto similar vendido en otro establecimiento comercial.
Vuelvo al ejemplo de los supermercados. Usted puede observar productos en oferta en una cadena de supermercados cuyo valor (aún rebajado) es igual o superior al precio normal de otra cadena.
En ocasiones para acceder a una oferta uno debe comprar más cantidad de producto. Aquí el punto es si de verdad vamos a necesitar ese producto extra o si al final terminamos comprando más de la cuenta por la sensación de que estamos ganando algo.
Es como las ofertas de compre un par de zapatos y llévese el segundo a mitad de precio. Desde el punto de vista del almacén, la suma de ambos pares equivale al precio normal de venta de dos pares de zapatos. El almacén gana pues en vez de vender un par, vende dos.
Desde el del consumidor, la sensación es la de haber comprado algo más barato (el segundo par), cuando en realidad lo que compró fue un par extra que en principio quizás no estaba presupuestado.
No todo lo que brilla…
En restaurantes de comida rápida suelen ofrecer “pequeños precios” por productos individuales. Esto es cierto si usted compra un solo producto. En la práctica no sucede así. Usted termina agregando papas y refresco y al final la cuenta no refleja ningún “precio pequeño”. La oferta surtió su efecto. 
Un viejo consejo, que quizás no sea muy práctico, pero sí eficaz, es no dejarse llevar por lo que dice la publicidad, y sí por la comparación efectiva que nosotros como consumidores podamos hacer de los productos, calidades y precios.
Los programas de lealtad, esos que nos ofrecen ciertos privilegios para comprar siempre en el mismo lugar, poseen la desventaja de que al final desechamos la sana práctica de buscar y comparar con el fin de verificar si en verdad esas “ofertas” representan una ganancia para nuestro bolsillo o no.
Además, muchos de estos programas condicionan el descuento a la utilización de una tarjeta cuyos elevados intereses, en caso de financiar la compra, terminan devorando, y por mucho, el porcentaje de descuento obtenido.
Tenga presente que las estrategias para persuadirnos de comprar no deben violentar nuestro derecho de recibir información veraz y completa. Usted como consumidor debe exigir que se le brinde toda la información del producto y denunciar cuando esto no suceda.  

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