lunes, 18 de enero de 2010

La otra cara de Wal-Mart

Que Wal-mart eliminara la venta de la revista Soho en sus supermercados en Costa Rica (Más X Menos, Maxibodegas, Hipermás y Palí), supuestamente por ser contraria a los valores familiares que profesa la multinacional, no hace más que poner al descubierto su doble moral e hipocresía.
La corporación de ventas al detalle más grande del mundo se preocupa de que sus clientes no se expongan a las fotografías sugestivas de modelos, pero se hace de la vista gorda ante la avalancha de críticas, cuestionamientos y hasta demandas legales que enfrenta por prácticas empresariales que atentan contra los derechos universales de justicia y equidad de sus trabajadores.
La voracidad de Wal-Mart y su impacto negativo en la economía y el bienestar de sus “asociados”, son temas recurrentes en abundantes artículos y notas periodísticas de los más diversos medios de comunicación, principalmente en los Estados Unidos.
Sobresale el trabajo realizado por cineasta Robert Greenwald “El alto costo del bajo precio", (The high cost of low price) documental que se adentra en las vidas de los trabajadores de Wal-Mart para exponer la realidad que la familia Walton, una de las mas ricas del mundo y  fundadora y propietaria de la compañía, no quiere que nadie vea.
Entre las causas judiciales en contra de Wal-Mart en los Estados Unidos figuran  la vigilancia ilegal de las actividades realizadas por sindicalistas. Según los productores del filme, Wal-Mart también enfrenta causas por abusos salariales en contra de miles de sus empleados en 31 estados distintos.
Por utilizar inmigrantes ilegales para limpiar sus tiendas, la empresa tuvo que pagar 11 millones de dólares para evitar sanciones criminales y también han llegado a los tribunales demandas en su contra por discriminación racial y de género. Nada de lo anterior parece estar en la lista de valores de Wal-Mart. Mucho menos la explotación que sufren los trabajadores de las fábricas en donde se manufacturan los productos que, con tan buenos precios, llegan hasta el consumidor.
El costo de ese precio es devastador. Wendy Qui, empleada de una fábrica de Wal-Mart en China, es un testimonio vivo de la miseria y explotación sobre la cual se erige este gigante comercial. 
Ella, como cientos de miles de obreros más, trabaja como esclava doce horas al día, siete días a la semana. La fábrica no cuenta con las condiciones mínimas para aliviar su ardua tarea. Ni tan siquiera sopla un poco de viento.
A los trabajadores se les instruye para que mientan a los inspectores. Deben decir que trabajan seis días, cuando en realidad son siete. De lo contrario, serán castigados. Y en China, eso no es nada bueno.
Laboran en esas condiciones, por menos de tres dólares al día. Wendy dice que de encontrarse algún día a una dama que acabara de comprar un juguete en Wal-Mart, ella le diría: “Respetable cliente de Wal-Mart, ¿sabe usted por qué puede comprar un juguete tan barato? Eso es porque nosotros, los trabajadores, laboramos día y noche”.
Mientras ensambla juguetes para los niños privilegiados del primer mundo, Wendi Qui también se pregunta por qué tantos trabajan por nada, mientras unos pocos lo tienen todo.
A ella le sorprendería saber que en un pequeño y lejano país tercermundista, en donde el gobierno de su país construye un estadio de futbol, Wal-Mart se niega a venderle a sus clientes una revista con modelos en paños menores. Es que eso no va con los valores que profesa la compañía. ¡Vaya ironía!








1 comentario:

Julia Ardón dijo...

Vamos a seguir comprando en Más por Menos, Hipermás o Palí despuès de conocer todo esto?

Yo no.