domingo, 3 de enero de 2010

Gaste menos...¡viva más!

Se fue Navidad y llegó la hora de despertar. Atrás quedaron aguinaldo, comilonas y las compras y regalos. Ahora es tiempo de pagar las cuentas. También es, por tradición, el momento de escoger los “buenos propósitos” para este año 2010 que recién comienza.
Con esa idea en mente escogí, como tema para esta primera columna, un artículo publicado el mes pasado en Los Angeles Times, y el cual reporta cómo millones de estadounidenses, debido a la crisis económica, las deudas, o simplemente cansados de comprar por comprar, han decidido cambiar de un estilo de vida dominado por el derroche, a uno más simple y frugal.
Acostumbrados a gastar en demasía, en cosas que en realidad no necesitan,  muchos de estos ciudadanos del norte se percataron de que tener tantos chunches no los hacía más felices.
Ahora están más concentrados en sus familias, amigos, y en hacer sus comprar con mayor cuidado, obviando aquello prescindible y volviendo a la vieja y olvidada práctica del ahorro.
Luego de años de gastos basados en el crédito fácil, los consumidores estadounidenses están intentando salir del hoyo financiero en que cayeron al comprar en “cómodas cuotas mensuales”, que al final les representa muchísimas horas de arduo trabajo, traducido esto en menos tiempo para compartir con sus seres queridos y menos tiempo para sí mismos.
Tanto impacto ha tenido el consumo desmedido que incluso se han formado grupos de apoyo para que sus miembros se ayuden mutuamente a mantenerse alejados del mall y a  cumplir su meta de salir cuanto antes de la trampa financiera que los ahoga.
Según su testimonio, hubo que tocar fondo para darse cuenta que el estilo de vida que llevaban no era sostenible y que gastar les daba una vida a corto plazo cuya satisfacción era tan corta como el placer que se produce al comer un chocolate.
Susan Kessler, una diseñadora gráfica californiana es ahora conocida por su blog con consejos para sacar provecho de las cosas con menos dinero. Antes de la crisis ella gastaba sin preocupación y frecuentaba restaurantes caros. 
Ella admite que aquella forma de actuar era la respuesta a una sociedad que invita a consumir sin pensar. “Eres parte de una cultura que dice 'Me gusta ese vestido. Voy a comprarlo. Y luego me voy de vacaciones, y luego voy a comprar algo más' " (…) "Me di cuenta de que ese estilo de vida es muy insatisfactorio”.  
Otros casos, como el de Rosalyn Hoffman, no obedecen a la crisis económica. Ella simplemente se hastió del exceso de cosas materiales que poseía y se deshizo de todo aquello que en realidad no necesitaba. Hoffman cree que estos tiempos de crisis pueden servir para detenerse, dar un paso atrás, y tomarse un respiro.
A otros consumidores la conexión mental entre cuánto hay que trabajar para ganarse el dinero y lo fácil que es gastarlo les ha servido para ser más cuidadosos con sus hábitos de compra.
Quizás el 2009 sea el año en que muchas más personas se decidan a consumir menos, y vivir más. Para bien propio, de sus familias y, por qué no, de todo el planeta.

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