domingo, 24 de enero de 2010

El consumo nos consume

En las últimas tres décadas los seres humanos hemos consumido una tercera parte de nuestros recursos naturales.
La mayor parte de este consumo se da en los Estados Unidos en donde un 5% de la población mundial es capaz de devorar el 30% de los recursos mundiales a la vez que genera un porcentaje igual de desechos.
Para tener una mejor idea de lo que ese consumo significa, si el resto del mundo igualara la taza de consumo estadounidense se necesitarían de tres a cinco planetas como la tierra para dar abasto.
Los datos anteriores forman parte de La historia de las cosas (The story of stuff), un corto en video que muestra los costos ambientales y sociales ocultos del actual sistema de producción y consumo.
La película ha sido vista en internet por más de 7 millones de personas en 200 países desde su lanzamiento en diciembre de 2007.
Creada por Annie Leonard, activista experta en temas de sostenibilidad, salud y justicia ambiental, “La historia de las cosas” dibuja con simpleza la estructura de un sistema económico linear basado en la explotación, producción, distribución, consumo y desecho de los bienes fabricados a costa del bienestar de las personas y del planeta que habitamos.
Un modelo articulado por el economista y analista de las ventas Victor Lebow, poco después de la Segunda Guerra Mundial, y en el cual la enorme productividad económica obligaba a hacer del consumo una forma de vida.
Es decir, transformar el acto de comprar y vender en una especie de ritual en donde los consumidores encontraran satisfacción espiritual. En palabras de Lebow la cosas debían ser “consumidas, quemadas, reemplazadas y desechadas a un ritmo nunca antes visto”.
Fue así como nacieron la obsolescencia planificada (productos diseñados para no durar) y la percibida o psicológica (el reemplazo de productos en buen estado por modelos más recientes o porque ya pasaron de moda).
Para ayudarnos a deshacernos de las cosas útiles está la publicidad. Se calcula que en la actualidad vemos más comerciales en un año que la cantidad de comerciales a la que estaban expuestos nuestros abuelos durante toda su vida.
La idea básica es esta: Trabajamos, vemos televisión, miramos los comerciales, compramos lo que no necesitamos y luego trabajamos más para pagar lo que compramos. ¿Divertido verdad?
Pues no tanto. Este ritmo de vida tiene un alto precio, tanto en el plano personal como para nuestro entorno. Como individuos el tiempo para la familia y los amigos es cada vez menor y en muchos casos, ni siquiera para descansar lo suficiente.
De hecho, mucho del tiempo libre es empleado para ver la televisión ¡y comprar!
Para el medio ambiente las consecuencias de este consumo desmedido son nefastas.
Solo un uno por ciento de los bienes adquiridos en los Estados Unidos llega a alcanzar una vida útil de seis meses. El 99 por ciento restante termina en la basura en ese mismo lapso.
¿Existe una solución? ¿Estaremos a tiempo de cambiar el rumbo?  Annie Leonard y miles de adeptos a una nueva escuela de pensamiento basada en los conceptos de equidad y sostenibilidad creen que sí.
Aunque algunos los llaman idealistas y poco realistas, Leonard considera que quienes en verdad están soñando son aquellos que ven como posible continuar haciendo las cosas como hasta ahora.

Su mensaje es: “Recuerden que el viejo camino no ocurrió porque sí. No es como la gravedad, que debemos acostumbrarnos a vivir con ella. La gente la creó. Y nosotros también somos gente. Así que inventemos algo nuevo”.















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