martes, 22 de diciembre de 2009

Árboles de Navidad del mundo...¡y de Costa Rica!

Los árboles de Navidad nos hablan de la influencia cultural de los pueblos y ciudades que representan. He aquí algunos ejemplos...

Berlín



Italia





Londres



Moscú






Nueva York
 




País Vasco




Río de Janeiro


Roma 
 



 Suiza

 


Venecia
 




Filipinas
 




Y ¡Costa Rica!




 Pero no nos sintamos mal. El de China también es de Coca Cola. Lo hicieron con 100.000 latitas de aluminio amigables con el ambiente. 




Sí, los árboles de Navidad nos pueden decir mucho de la influencia cultural de los pueblos y ciudades que representan...¿verdad?

Nota: Las fotografías de los árboles de Navidad las tomé prestadas de  BBCMundo.com con excepción de la foto de San José Costa Rica (esa la tomé yo). 




domingo, 13 de diciembre de 2009

Una pesadilla llamada Citi

Cuando en setiembre pasado el periodista Cristian Cambronero publicó en su blog, Fusil de Chispas, una nota sobre la amarga experiencia que vivió con el Banco Citi, recibió nada más y nada menos que 69 comentarios de solidaridad por parte de sus asiduos lectores, muchos de ellos para compartir historias semejantes.
En suma la queja de Cristian consistía en que luego de aceptar una tarjeta de dicho banco (más por quitárselos de encima que por el deseo o la necesidad de tenerla) al final intentaron cobrarle- de forma indebida- la suma nada despreciable de ¢36,233.
El cargo era por “renovación anual”. Esto a pesar de que en principio le aseguraron que la adquisición del plástico no implicaba cargo alguno.
En la andanada de repuestas que recibió el post, se escribieron muchos relatos similares en donde las quejas principales estaba relacionadas con los cargos “fantasma”; en especial, un cobro por renovación o anualidad y -lo más increíble- por la imposibilidad de los clientes de cancelar la tarjeta dada la cantidad de trámites y obstáculos que el banco Citi les impone.
En cuanto a la anualidad, tal parece que muy conveniente Citi la cobra y el cliente tiene que proceder a llamar todos los años para que le eliminen el monto de su estado de cuenta. Por supuesto, una cantidad insospechada de usuarios nunca se dará cuenta del cobro y terminaran pagando por algo que no deben. Cuánto dinero significa eso para Citi, es y seguirá siendo un misterio sin resolver.
Pero el asunto no termina ahí. En el blog del consumidor de Hazel Feigenblatt, quienpagamanda.com se acaba de publicar un post en donde un cliente de Citi relata otro caso en donde al cobro indebido se suma la dificultad de que el banco acceda a cancelar la cuenta.
Una vez más, los comentarios de los lectores respaldan la experiencia del quejoso y agregan otras historias de su propia cosecha.
Ante la consulta de la periodista Feigenblatt, Kattia Chaves, de la Oficina de Apoyo del Consumidor, indica que el banco está en la obligación de cancelar una cuenta si el cliente así lo solicita.
Lo que sucede, según los números testimonios emitidos, es que al cobrar una anualidad que no corresponde, el banco Citi condiciona la reversión de dicho cobro a que la cuenta quede abierta. Una especie de chantaje que obliga al cliente a no cancelar la tarjeta.
Vale la pena hacer notar que según el último estudio trimestral de tarjetas de crédito del Ministerio de Economía, Industria y Comercio, Citi es el mayor emisor de tarjetas en el mercado costarricense con 94 de las 407 existentes. Treinta y una de estas tarjetas están ubicadas en el quinto lugar de la lista de tarjetas con los intereses más elevados con una tasa del 49,32 por ciento.
Citi se ha aliado con grandes tiendas y empresas como Aliss, Universal y Multiplaza, y de ahí la gran cantidad de clientes que ha logrado atraer, pues utiliza el gancho de los descuentos y regalías por apertura de cuentas, que por supuesto después recupera con creces con el elevado interés que cobran y con las prácticas antes denunciadas.
Si Citi continúa empleando estas odiosas y perjudiciales tácticas comerciales con sus clientes, quedan dos caminos.
Uno, tomar en cuenta la recomendación de los funcionarios de la Oficina de Apoyo del Consumidor y de la Asociación de Consumidores Libres -ante la consulta de Quienpagamanda.com- en el sentido de que si existe un número importante de clientes con el mismo problema, se proceda a entablar una demanda colectiva. La segunda, difundir esta información de correo en correo y de boca en boca para que cuando a uno le ofrezcan una tarjeta de Citi, de antemano sepa a lo que se atiene. 

domingo, 6 de diciembre de 2009

Se busca presidente



La publicidad vende productos. La propaganda ideas. Ante la ausencia de  estas úlltimas las campañas políticas se transforman en la publicidad de candidatos convertidos en productos de consumo masivo.
 Los partidos políticos en Costa Rica no tienen muy buena reputación como para mercadearlos, y solo se recurre a ellos con el fin de atacar a la competencia.
La esperanza entonces se centra en los candidatos. El problema para el consumidor (léase ciudadano votante) es cuando, a tono con el sistema de producción actual, estos resultan  caros y de muy mala calidad.
Ojo con las cifras: En Liberación Nacional se gastaron 800 millones de colones para decirnos que Laura Chinchilla es firme y honesta y que con ella vamos para adelante (¿¿??).
Otto Guevara, cuyas vallas publicitarias bien podrían ser la de una tienda de ropa masculina, gastó la mitad, ¢405 millones para que supiéramos que con él, “el que la hace, la paga”.
Ese derroche de dinero en tiempos de crisis económicas es una cachetada al pueblo. Pero este, en vez de reaccionar indignado, pone la otra mejilla y los premia con las encuestas. 
Así el candidato libertario, con un mensaje tan hueco como una calabaza, pudo duplicar la intención de voto en tan solo dos meses a punta de anuncios con viejos chingos.   
La publicidad de Guevara explota de la forma más simplista y engañosa el miedo de la gente ante la inseguridad ciudadana, con promesas que a la hora de llegada no podrá cumplir a no ser que tenga aspiraciones de dictador pues -como bien lo expuso la abogada Marina Ramírez en un foro de La Nación- para hacerlo deberá pasar él mismo por encima de la ley.    
En nuestra arena política la estrategia es más o menos así: Guevara le saca la lengua a Liberación, estos le muestran el dedo y luego se van a las trompadas.
En medio del barullo, Ottón Solís intenta hablar de la pobreza que azota al país y de la creciente brecha entre ricos y pobres, pero la gente está ocupada con las compras de fin de año, o viendo Intrusos de la Farándula.
Fishman quiere aprovechar sus últimos minutos de fama y ahí está su figura, parecida a la de un difunto híper maquillado que promete, al igual que Guevara, -productos idénticos en empaques notoriamente distintos- luchar por la verdad, la justicia y la razón (dicho esto con el perdón de Supermán).
¿Y los demás partidos? Diay, no hay plata para tantos. El sistema de deuda política de nuestra democracia es tan justo y equitativo como la distribución de la riqueza. Ellos son la Big Cola de la campaña.
Ante la imposibilidad de anunciarse, se resignan con una pequeña porción del mercado mientras los grandes se llevan los votos ofreciéndolo al pueblo la fábrica de la felicidad.   
Ante este panorama, el ciudadano-consumidor-votante prefiere adquirir un presidente (o presidenta) malo pero conocido, antes que uno bueno por conocer.
En el imaginario mundo de George Orwell, los proles eran una masa de gente abandonada que constituía la mayoría de la población, única capaz de sacudirse y  cambiar de golpe su realidad.
Solo era necesario que fueran consientes de su fuerza. Tristemente, el duro trabajo, el cuidado del hogar y de los hijos, las peleas, el entretenimiento, el futbol y la cerveza, llenaban por completo su horizonte mental y tenerlos a raya no era tarea difícil. ¡Qué dicha que 1984, solo es un libro de ficción!