domingo, 6 de diciembre de 2009

Se busca presidente



La publicidad vende productos. La propaganda ideas. Ante la ausencia de  estas úlltimas las campañas políticas se transforman en la publicidad de candidatos convertidos en productos de consumo masivo.
 Los partidos políticos en Costa Rica no tienen muy buena reputación como para mercadearlos, y solo se recurre a ellos con el fin de atacar a la competencia.
La esperanza entonces se centra en los candidatos. El problema para el consumidor (léase ciudadano votante) es cuando, a tono con el sistema de producción actual, estos resultan  caros y de muy mala calidad.
Ojo con las cifras: En Liberación Nacional se gastaron 800 millones de colones para decirnos que Laura Chinchilla es firme y honesta y que con ella vamos para adelante (¿¿??).
Otto Guevara, cuyas vallas publicitarias bien podrían ser la de una tienda de ropa masculina, gastó la mitad, ¢405 millones para que supiéramos que con él, “el que la hace, la paga”.
Ese derroche de dinero en tiempos de crisis económicas es una cachetada al pueblo. Pero este, en vez de reaccionar indignado, pone la otra mejilla y los premia con las encuestas. 
Así el candidato libertario, con un mensaje tan hueco como una calabaza, pudo duplicar la intención de voto en tan solo dos meses a punta de anuncios con viejos chingos.   
La publicidad de Guevara explota de la forma más simplista y engañosa el miedo de la gente ante la inseguridad ciudadana, con promesas que a la hora de llegada no podrá cumplir a no ser que tenga aspiraciones de dictador pues -como bien lo expuso la abogada Marina Ramírez en un foro de La Nación- para hacerlo deberá pasar él mismo por encima de la ley.    
En nuestra arena política la estrategia es más o menos así: Guevara le saca la lengua a Liberación, estos le muestran el dedo y luego se van a las trompadas.
En medio del barullo, Ottón Solís intenta hablar de la pobreza que azota al país y de la creciente brecha entre ricos y pobres, pero la gente está ocupada con las compras de fin de año, o viendo Intrusos de la Farándula.
Fishman quiere aprovechar sus últimos minutos de fama y ahí está su figura, parecida a la de un difunto híper maquillado que promete, al igual que Guevara, -productos idénticos en empaques notoriamente distintos- luchar por la verdad, la justicia y la razón (dicho esto con el perdón de Supermán).
¿Y los demás partidos? Diay, no hay plata para tantos. El sistema de deuda política de nuestra democracia es tan justo y equitativo como la distribución de la riqueza. Ellos son la Big Cola de la campaña.
Ante la imposibilidad de anunciarse, se resignan con una pequeña porción del mercado mientras los grandes se llevan los votos ofreciéndolo al pueblo la fábrica de la felicidad.   
Ante este panorama, el ciudadano-consumidor-votante prefiere adquirir un presidente (o presidenta) malo pero conocido, antes que uno bueno por conocer.
En el imaginario mundo de George Orwell, los proles eran una masa de gente abandonada que constituía la mayoría de la población, única capaz de sacudirse y  cambiar de golpe su realidad.
Solo era necesario que fueran consientes de su fuerza. Tristemente, el duro trabajo, el cuidado del hogar y de los hijos, las peleas, el entretenimiento, el futbol y la cerveza, llenaban por completo su horizonte mental y tenerlos a raya no era tarea difícil. ¡Qué dicha que 1984, solo es un libro de ficción!  


4 comentarios:

Andrés Fallas Muñoz. dijo...

Lo patetico de las campañas publicitarias lo criticas pero utilizas una sátira igual de patetica para escribir el articulo. Mejor sería que le buscaras soluciones al problema y no remarcar el problema que todos ya sabemos que existe... Hacer leña del arbol caido es muy fácil...

Ronald Díaz V. dijo...

Gracias Andrés, creo que la solución se puede leer entre líneas. Las cosas pueden cambiar cuando el pueblo utilice el poder que tiene y le dé la espalda, con su voto, a este tipo de campañas. En cuanto al estilo utilizado, la diferencia es que a los costarricenses no les cuesta un céntimo el blog y tampoco es mi intención ganar votos con él.
Saludos.

Karina Vargas dijo...

Un día de estos estaba pensando, ahora en tus términos, que ya que la "propaganda política" es más bien "publicidad de un producto" debería ser regulada bajos ciertos requerimientos y límites. El tema del presupuesto es uno de ellos. Definitivamente una muestra más de la indiferencia ante la precaria situación de la economía costarricense (por la víspera saquen el día). Por otra parte, que tal una regulación que diga: "cada vez que hace una promesa, debe incluir con ella un plan de trabajo con tareas y fechas de entrega. De llegar a ser presidente y no cumplir sus promesas en las fechas pronosticadas, se le impone algún castigo al partido, y que el presidente vaya "Perdiendo puntos" hasta ser considerado para "ser reemplazado por mentiroso y manipulador".

Ronald Díaz V. dijo...

Interesante tu propuesta Karina. Es cierto, así como en teoría se debe defender al consumidor de la publicidad engañosa, otro tanto debiera hacerse con las falsas promesas abundan en campaña.