domingo, 29 de noviembre de 2009

Paz, amor y consumo

Pertenezco a la generación que creyó sin cuestionar, lo largo de toda la infancia, que en verdad el Niño Dios ponía los regalos debajo de nuestras camas el 24 de diciembre por la noche.
En esa época la ingenuidad no nos permitía cuestionarnos por qué el Niñito traía a unos un carro Tonka, a otros un carretón de madera y a otros… nada.
Hubiera sido difícil entender que la lógica de nuestro sistema funciona así, y está tan bien afinado que siendo adultos tampoco nos cuestionamos cómo la Navidad, en principio la celebración del nacimiento de Jesús, coexiste sin mayor problema con la celebración consumista más grande del año.
La mezcla es tan extraña que ya no lo parece. Jesús, la figura central del Cristianismo es cualquier cosa menos un personaje al que podamos relacionar con el consumo.
Nació en un pesebre, vivió y murió sin ninguna posesión, predicó en contra de acumular tesoros en la tierra, defendió a los pobres, se mantuvo al margen de quienes ostentaban el poder, echó por la brava a los mercaderes del templo y puso en duda que los ricos entraran a su Reino (un verdadero comunista desde la óptica de cualquier libertario).
Siendo una figura tan opuesta a los valores de nuestra sociedad consumista, no resultó ser un buen agente de ventas y por eso su puesto fue ocupado por el gordo Santa Claus. Santa se encargó de aclararnos algunas cosas sobre la Navidad que hasta el propio Jesús le han de ser difícil de entender.
Primero, que el amor se debe expresar con regalos. Ahí están los Reyes Magos que le trajeron oro al niño, así que no nos confundamos con eso.
Segundo, que esta época de reflexión, también lo es de pachanga. Ese encuentro espiritual con nosotros mismos no tiene que ser incompatible con comer y beber en exceso, que para eso existe la Alka-Seltzer.
Tercero, que esta es una época para que la familia se una. Para eso están los programas de sano entretenimiento como el Chinamo (gracias al patrocinio de guaro y cerveza) y los Toros a la Tica en donde algunos pondrán su vida en juego por ese deseo supremo de salir por la televisión.
Santa, quien también se desempeña como ejecutivo de la Coca-Cola,  nos enseña que es bueno comprar, comprar y comprar. O mejor dicho, dar. Sí, hay que dar a manos llenas. Olvidémonos de la crisis. Tengamos fe. ¿Quién dijo miedo? Llévese ese plasma que tanto ha deseado y tenga fe de que podrá pagarlo. 36 cuotas mensuales y un 46% de interés harán el milagro.
¡Ah! Y por supuesto, no olvide ir al templo. Los hay para todos los gustos aunque el mejor está en Escazú y recién acaba de abrir su quinta etapa.  Ahí encontrará portales navideños y coros que entonarán villancicos e himnos celestiales para que en medio de esta hermosa locura consumista recordemos que el niño Jesús está por nacer.  Y ese cumpleaños, hay que celebrarlo… ¡gastando!
`Tis the season to go shopping, fa, la, la, la la, la, la, la, la!  




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