domingo, 8 de noviembre de 2009

Naturalmente...¡artificial!

Cuando los refrescos Tropical salieron al mercado, la campaña publicitaria se centró en mostrar lo tedioso que resultaba hacer un refresco natural versus la comodidad de comprar uno envasado. Llegaron incluso a afirmar que con un refresco de estos se obtenía la cantidad de fruta diaria recomendada por los nutricionistas.
Hoy día, si usted va a un restaurante o soda y pide un refresco natural, lo más seguro es que le ofrezcan un Tropical, o le vendan uno hecho a base de la pulpa de la fruta.
Esto es tan común como el hecho de que todos los productos alimenticios que consumimos, y que han pasado por un proceso industrial,  en realidad no sean lo que parecen.
Productos tan variados como la mantequilla el queso, embutidos, panes, galletas, cereales, alimentos para mascotas y refrescos son el resultado de procesos cuyas técnicas de enlatado, congelado y deshidratación terminan por eliminar la mayor parte de su sabor.
Para solucionar el problema existe una gran industria compuesta por refinerías y plantas químicas en donde igual se fabrican las fragancias de los perfumes, que el “sabor a fresa” de un batido de leche (el olor a fresa se logra con la interacción de 350 sustancias químicas distintas).
En los laboratorios de repostería de estas empresas se diseñan tanto los sabores de helados y golosinas, como los de pastas de dientes, enjuagues bucales y antiácidos. También se elaboran los olores de productos de uso doméstico como jabones, detergentes y champús.
Mediante la manipulación de sustancias químicas volátiles se logra la creación de los olores, que como se sabe,  puede llegar a ser el componente más importante del sabor.
El olor además está ligado a la memoria  y particularmente a experiencias adquiridas durante la niñez. Por eso muchas veces, ya de adultos, y no siempre en forma consciente,  consumimos productos cuyos olores y sabores nos remonten a distintas etapas de la vida.
Con base en esta información, podemos decir que el refresco Tang, que en la actualidad se publicita con imágenes de alimentos naturales como la horchata y la vainilla, y que procura establecer una asociación mental  entre el producto y la idea de que se trata de una bebida muy “tica”, en realidad es un polvo industrial al que se le puede añadir cualquier sabor y color que se quiera.
El investigador y escritor Erick Schlosser, explica que la diferencia entre sabores artificiales y “naturales” es casi nula, siendo ambos sabores obtenidos de forma artificial y fabricados en los mismos laboratorios. Por eso no se puede afirmar que unos sean más sanos o más puros que los otros, aunque el consumidor prefiera ver en la etiqueta de ingredientes “sabor natural”.
Schlosser hace notar que las empresas no están obligadas a revelar la composición de estos “sabores” y “olores” artificiales, puesto que en ellos estriba la ventaja competitiva de sus productos.
Así las frutas, miel, y muchos otros ingredientes ilustrados en las cajas, envases o empaques de los productos podrían ser solo eso. Una ilusión creada cuyo verdadero origen es un tubo de ensayo. Una imagen surrealista del mundo virtual en que vivimos.

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