lunes, 7 de abril de 2008

Gaseosas en la mira



La publicidad de refrescos gaseosos está en buena medida dirigida a un público joven. La Coca Cola, por ejemplo, con sus atractivos comerciales de "la fábrica de la felicidad" y el concepto del "lado Coca Cola de la vida" están claramente orientados a captar un mercado de niños y adolescentes. Tampoco es raro que este tipo de bebidas se vendan en escuelas y colegios e incluso formen parte de la merienda que los papás ponen en las loncheras de sus hijos. Por esta razón cobran relevancia los nuevos estudios científicos que cuestionan, cada vez con mayor fuerza, el efecto nocivo en la salud que se origina por un consumo excesivo de estos refrescos.

Uno de estos estudios fue publicado por la revistas Circulation, de la Asociación Americana del Corazón, y advierte que el consumo de más de una lata de gaseosa al día puede aumentar el riesgo de desarrollar el llamado síndrome metabólico, lo cual puede contribuir al desarrollo de las enfermedades cardiovasculares.

El síndrome metabólico se define por la presencia de tres o más factores de riesgo como pueden ser la obesidad central (un exceso de grasa en la cintura), triglicéridos elevados, colesterol bueno (HDL) reducido, presión arterial elevada y glucosa elevada en ayunas .

Los investigadores, miembros de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, en los Estados Unidos, también determinaron, al evaluar el consumo de gaseosas en más de 6.000 individuos, que quienes las toman a diario tienen un 44 por ciento más de probabilidad de contraer el síndrome metabólico.

Otras investigaciones han señalado el riesgo que implica el consumo excesivo de ácido fosfórico, uno de los ingredientes de estos refrescos que bloquea la absorción de calcio y por eso se les relaciona con un aumento en el riesgo de desarrollar osteoporosis.

Aunque los investigadores reconocen que aún faltan más estudios para llegar a conclusiones definitivas sobre los efectos dañinos de las bebidas gaseosas, la señal de alerta es clara. Como también parece claro que la felicidad se fabrica en otro lugar.