viernes, 3 de octubre de 2008

La polémica Coca Cola Zero


Se ha desatado una controversia en torno a la reciente introducción en el mercado costarricense de la Coca Cola Zero. La polémica se inició con la distribución masiva de un correo por Internet que cuestiona -en particular- uno de sus ingredientes: el ciclamato de sodio, el cual se cataloga como cancerígeno, y por ende le endilga al refresco el nada atractivo calificativo de veneno.
No es nuevo para esta compañía enfrentar acusaciones dirigidas a su producto estrella, posiblemente la bebida comercial más popular del mundo. En la época cuando las computadoras solo se veían en las series de televisión Perdidos en el Espacio y Viaje al fondo del Mar, se divulgó el rumor de que un trabajador había caído en un enorme contenedor de la fábrica de Coca Cola.
Según la leyenda urbana, para evitar pérdidas, la compañía había decidido no desechar el líquido. El cuento no hizo mermar la venta de Coca Colas, pero sí provocó que durante un tiempo no cuantificable muchos se preguntaran si el refresco que bebían contendría algún ingrediente adicional no deseado.
Hoy día, la conectividad que ofrece Internet hace posible que cualquier tipo de información se distribuya mundialmente a una velocidad inusitada. Sin embargo, rapidez no es sinónimo de veracidad, y la información errónea, falsa y mal intencionada puede ser difundida con igual facilidad.
En el caso que nos ocupa, no es cierto que la Coca Cola Zero contenga dicho ingrediente, al menos en nuestro país. Aunque sí es cierto que los ingredientes de la Coca Cola varían según el lugar donde la fabriquen y, en algunos de ellos, el ciclamato de sodio sigue presente.
¿Que el ciclamato produce cáncer? Esto tampoco es contundente. Si bien en los EEUU está prohibido desde los años 60, también es cierto que el caso está en debate pues existen estudios recientes en donde parece descartarse el peligro para el consumo humano.
No obstante, otra cosa también es cierta: la Coca Cola, que ha calificado el correo en mención de incurrir en prácticas injuriosas, tampoco puede jactarse de la información que brinda al consumidor. Después de todo, los anuncios publicitarios, como bien se sabe, no brindan “información perfecta” y más bien suelen omitir las verdades incómodas del producto para resaltar, o fabricar virtudes.
Por ejemplo, La Coca Cola Zero puede no contener en su lista de ingredientes el dudoso ciclamato de sodio, pero sí el ácido fosfórico, que según los nutricionistas, si se consume en exceso puede producir desmineralización y dificultar la absorción del hierro.
También contiene cafeína y, las versiones clásicas del refresco, dependiendo de su tamaño, podrían contener 10, 12 o más cucharaditas de azúcar. Eso es, mucha azúcar.
Por eso, el consumo frecuente de gaseosas, que por lo general van acompañadas en combo con las grasosas y poco nutritivas comidas rápidas, son un factor que contribuye en buena medida con el aumento en los índices de obesidad y con el riesgo de sufrir enfermedades como diabetes, anemia y afecciones cardíacas.
¿Cuánta Coca Cola podemos tomar sin que nos haga daño? ¿Pueden los niños tomar gaseosas todos los días, como lo hacen muchos en nuestras escuelas y hogares, sin ver amenazado su crecimiento y sin poner en riesgo su desarrollo? ¿Crea el consumo de bebidas gaseosas carbonatadas adicción psicológica y dependencia? Muchas son las preguntas y poca la información fiable y objetiva que tienen los consumidores sobre muchos de los productos que consumen, entre ellos, los refrescos gaseosos.
Quizás por eso existan cadenas por Internet, como la de la Coca Cola Zero, o la de los pollos Frankenstein de Kentucky, que lejos de disuadir, más bien terminen funcionando como publicidad gratuita y, además, pongan en evidencia la necesidad de que existan más y mejores vías de información para los consumidores.




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