lunes, 24 de marzo de 2008

Una extraña exigencia


"La vida de lo exige". Así de contundente es el eslogan de Lysol, un desifectante que según asegura el fabricante mata el "99.9%" de los gérmenes en 30 segundos.
El anuncio publicado en la prensa escrita y televisiva muestra a una pediatra con el producto en su mano, quien recomendienda en el regreso a clases "proteger a sus sus hijos de la gripe y los problemas intestinales".
En su página de internet en inglés http://www.lysol.com/ se anuncia como el preferido por los pediatras y posee un sello de respaldo de la Fundación Americana de Asma y Alergia.
No dudamos de que el producto sea beneficioso para combatir el moho y los hongos y ayude a reducir los agentes que producen alergias, y que incluso mate virus y bacterias. Sin embargo hay un detalle que la publicidad no menciona y es que el uso indiscriminado de agentes antibacteriales, tales como jabones de desinfectantes, está cambiando la naturaleza de los microbios en el ambiente. Incluso se crean gérmenes que son más difíciles de combatir y de paso elimina a algunos microbios beneficiosos. En un artículo publicado por el Instituto Americano de Ciencias Biológicas sobre los microbios, la La Dra. Maura Meade-Callahan, profesora de biología en el Allegueny College en Meadville con un doctorado en patología vegetal en la Universidad Estadal de Carolina del Norte afirma: "Nosotros necesitamos a las bacterias que nos rodean y es posible que al tratar de eliminarlas estemos causando daño". (ver artículo completo en http://www.actionbioscience.org/esp/evolucion/meade_callahan.html)
Por otra parte, aún cuando utilizando un producto como Lysol se lograra eliminar el contacto con las bacterias, algo prácticamente imposible dada su rápida reproducción, tampoco parece práctico que los niños lleven a la escuela el producto para que desinfecten todas las áreas "contaminadas" a que estarán expuestos cuando están fuera de casa.
Uno puede usar Lysol como un agente limpiador y para que huela "rico", si así lo desea, pero de ahí a que la vida lo exiga, hay mucho trecho.

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